CAPITULO 3: CORAZON DE CRISTAL (Versión corregida y pulida con IA)


CAPITULO 3: CORAZON DE CRISTAL (Versión corregida y pulida con IA)

***PERSONAJES RECURRENTES: 

***Jack, padre de Roxy (Foto: IA):

***Jerry (Foto: Jeremy Culhane):

***Inés Lorena (Foto: IA):

***Clark (Foto: IA):

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En la barra de una cafetería, Jack piensa en su encuentro con Meredith. El remordimiento lo carcome al recordar cómo la dejó plantada en el altar para fugarse con la que era su mejor amiga. De fondo, a través de los altavoces del local, se escucha "Happy Together", la clásica canción de la banda The Turtles que musicalizó sus años de romance con Meredith:

"Imagine me and you, I do / I think about you day and night, it's only right / To think about the girl you love and hold her tight / So happy together..."

Al volver a la realidad, Jack contempla la mirada serena de su hija Roxy y se consuela pensando que, a pesar de todo, de aquel error nació su mayor bendición.

—¡Papi, papi! —exclama Roxy, mientras le brillan sus bellos ojitos.
—¿Ah? ¿Me estás hablando, hijita? Lo siento.
—¿Te pasa algo? Te noto muy distraído.

Su padre se debate en silencio, sin saber cómo confesarle el motivo de su agitación.

—Disculpa, mi amor. Dime, ¿cómo es que conoces a Meredith Harper?
—Recién la conocí anoche en la discoteca. Parece una gran persona.
—Y lo es. Es una mujer extraordinaria. Ejem...
—¿Y de dónde la conoces tú, papi?
—Nos conocimos en la universidad. Ella era una alumna alegre, radiante y muy divertida. En cambio yo... yo era más bien intelectual, tímido y un completo nerd. A pesar de nuestras diferencias, nos llevábamos de maravilla.
—¿Fuiste un nerd en la universidad, papi? —se burla Roxy con una sonrisa.
—Pues sí, hijita. Pero sacaba excelentes calificaciones, así que espero que sigas mi buen ejemplo. ¿Y hay... hay posibilidades de que la vuelvas a ver? 
—Posiblemente. ¿Por qué la pregunta?

Jack no responde de inmediato. Solo cierra los ojos y respira hondo.

—Hija —dice con solemnidad—, hay muchas cosas en mi vida de las que me arrepiento profundamente, pero quiero que sepas que tú eres lo mejor que me ha pasado jamás.
—Yo también te quiero mucho, papito.

Roxy se cuelga del cuello de su padre y apoya la cabeza en su hombro. Jack la estrecha entre sus brazos y le deposita un tierno beso en la frente. Sin embargo, por más que lo intenta, su mente se empeña en regresar al rostro de Meredith.

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Por su parte, Meredith camina por las calles de Manhattan incapaz de sacarse a Jack de la cabeza. La revelación de que Roxy, la jovencita llena de vida que conoció en el bar, es la hija del hombre que rompió su frágil corazón de cristal, la tiene trastornada. Aunque una parte de su alma todavía lo ama, la otra se llena de rencor al recordar su cobardía: la osadía de abandonarla mediante una mísera carta. En ese momento, Gilda se empareja con ella en la acera.

—Hi, Meredith. ¿Te pasa algo? Te noto flotando en otra dimensión.
—Es Jack. Volví a verlo.
—¿En serio? ¿Y qué quiere ese canalla?
—Resulta que es el padre de esa chiquilla, Roxy, la que estaba anoche con nosotras en el pub.

Gilda se detiene en seco, impactada.

—¡No puede ser! ¿Roxy es hija de Jack? Definitivamente el mundo es un pañuelo. Qué tremenda sorpresa... ¿Y qué te dijo?
—Pues me enteré de que se separó de aquella mujer.
—Era evidente que iban a terminar mal después de todo lo que te hicieron sufrir. El karma no olvida.
—A pesar de todo, ya no quiero guardarle rencor.
—Haces bien. El pasado hay que dejarlo donde pertenece. Bueno, te invito a unos hot-dogs para pasar el trago amargo, ¿qué dices?
—Está bien.

Las dos amigas caminan hasta detenerse frente a un puesto callejero. Piden sus respectivos perritos calientes y comienzan a comer mientras intercambian sonrisas. Meredith levanta la vista hacia el cielo y nota unos nubarrones grises.

—Vaya, parece que va a llover —comenta Meredith.
—Siempre amenaza con tormenta —resta importancia Gilda—, pero al final no cae nada. Más bien, yo lo que quisiera es que llovieran hombres guapos.

Como si el destino la escuchara, un grupo de atractivos neoyorquinos pasa caminando junto a ellas en ese preciso instante. Los jóvenes les lanzan miradas coquetas a Meredith y a Gilda, mientras en la mente de esta última comienza a sonar "It's Raining Men", la pegajosa melodía de The Weather Girls:

"It's raining men! Hallelujah! — It's raining men! Amen!..."

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Mientras tanto, en la librería, una atractiva jovencita cruza el umbral del local. Yasniel se apresura a avanzar hacia ella para atenderla.

—Good morning! ¿Puedo ayudarte en algo? —pregunta con su habitual amabilidad.

La muchacha lo escanea de arriba abajo con evidente interés y le guiña un ojo. Yasniel, halagado, le sonríe.

—Hola, guapo —dice la joven con voz sugerente—. ¿De casualidad tienen The Ballad of Falling Dragons, de Sarah A. Parker?
—Sí, por supuesto. Es uno de nuestros títulos más solicitados. Creo que me queda un ejemplar por aquí. Con permiso.

Yasniel busca en el mostrador de novedades y, tras unos segundos, regresa con el libro en las manos.

—Estás de suerte —dice Yasniel—. Es la última copia que nos queda, aunque ya ordenamos más.
—Muchas gracias, guapo —responde ella, fijando la mirada en el tag con el nombre que el chico lleva prendido en la camisa—. Veo que aparte de guapo eres muy atento... ¿Yasniel?
—Oh, sí, me llamo Yasniel.
—Mucho gusto, Yasniel. Mi nombre es Inés Lorena.
—El placer es mío, Inés Lorena.

Inés Lorena vuelve a regalarle un guiño cargado de picardía, logrando que el muchacho suspire. En ese momento, Julianne emerge de los pasillos traseros con el ceño fruncido.

—¡Ejem! —interviene Julianne, con los celos a flor de piel—. ¿Va a comprar el libro, señorita?
—Oh, sí, claro —responde Inés Lorena, mirando a Yasniel de reojo—. Qué excelente servicio tienen en este lugar. Creo que me van a ver seguido por aquí.

La clienta se dirige a la caja para pagar. Julianne, con movimientos bruscos y de muy mala gana, procesa el pago y mete el ejemplar en una bolsa de papel junto con un par de separadores de libros.

—Bye, guapo. Te dejo con tu novia, se ve que es de armas tomar y bastante celosa —se despide Inés Lorena con sorna.
—¿Mi novia? No, Julianne no es mi novia —aclara Yasniel rápidamente, con tono coqueto.
—Pues se comporta como si lo fuera. Y la entiendo perfectamente... teniendo a un bombón como tú al lado... —remata la joven, guiñándole el ojo por última vez antes de salir de la tienda.
—No cambias, ¿verdad, Yasniel? —lo increpa Julianne en cuanto se quedan solos—. Vi cómo le coqueteabas a esa zorra.
—Solo estaba siendo amable con la clienta —se defiende Yasniel con una sonrisa de suficiencia—. ¿Acaso estás celosa?
—¿Celosa yo? ¡Por favor! Ya quisieras.

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Antes de que la discusión suba de tono, un nuevo cliente entra al establecimiento. Julianne le hace una seña con la cabeza a Yasniel para que se ocupe de sus asuntos, pero el recién llegado clava sus ojos en Julianne de inmediato, despertando las alarmas del empleado.

—Hola, guapa. ¿Tienes el libro Ironwood, de Michael Connelly?

—Sí, claro que sí, guapo. Precisamente nos queda la última copia, pero estamos por recibir más —responde Julianne, exagerando la dulzura y lanzándole una mirada coqueta—. Aquí tienes.

Julianne le entrega el libro rozando sutilmente sus dedos con los del cliente. Ahora es Yasniel quien aprieta los puños, carcomido por los celos.

—Eres muy amable, de verdad. Mucho gusto, mi nombre es Clark —se presenta el joven.
—Mucho gusto, Clark. Te llamas igual que mi primo, el que vive en Kansas.
—Qué coincidencia tan agradable. Me alegra compartir nombre con alguien de tu familia.
—¡Ejem! —interrumpe Yasniel, interponiéndose entre ambos—. ¿Va a pagar el libro, caballero?
—Oh, sí, por supuesto. Con permiso.

Clark camina hacia el mostrador acompañado por Julianne. Ella, con una atención desmedida, desliza el libro en la bolsa y le obsequia tres separadores de regalo. El joven le sonríe agradecido y se retira del local.

—A ver, ejem... —exclama Yasniel cruzándose de brazos—. ¿Y desde cuándo tienes un primo llamado Clark? Llevo tiempo trabajando contigo y jamás me habías hablado de él.
—Lo tengo desde hace mucho, y que yo sepa no tengo por qué darte explicaciones de mi árbol genealógico.
—Pues si tanto te gustó el cliente, deberías haberlo invitado a salir, ¿no crees?
—No, solo era un cliente educado, nada más. ¿O es que estás celoso, Yasniel?
—¿Y tú? ¿No estabas verde de la envidia con Inés Lorena?

Ambos se sostienen la mirada durante unos segundos de tensa dignidad, hasta que la ridiculez de la situación los supera y estallan en una sonora carcajada. Tras compartir el momento, sacuden la cabeza y regresan a sus respectivos puestos de trabajo.

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Mientras tanto, Valerie camina a paso rápido rumbo a la estación del metro. De pronto, se detiene en seco al ver un cartel publicitario que anuncia las audiciones para una nueva adaptación del musical West Side Story. Una oleada de nostalgia y frustración la invade al recordar cuando ella misma audicionó para el papel de Anita; sin embargo, el destino fue cruel y, justo el día del debut, sufrió una severa lesión de tobillo que sepultó su carrera artística.

—¿Valerie? ¿Eres tú? —la saca de sus pensamientos una voz a sus espaldas.

Al darse la vuelta, se encuentra con Jerry, un joven y pulcro abogado de su mismo bufete.

—Hola, Jerry. Sí, soy yo. Estaba mirando el anuncio.
—¿Piensas inscribirte al musical? Qué coincidencia, yo estaba evaluando presentarme a las audiciones.
—La verdad... no lo sé. Es una vieja espina.

En ese momento, las notas de una one-man band que se ha instalado en la plaza rompen el ruido del tráfico. Comienza a sonar "Anacaona", la salsa clásica inmortalizada por el gran Cheo Feliciano:

"Anacaona, india de raza cautiva / Anacaona, de la región primitiva..."

Valerie cierra los ojos, dejándose arrastrar de inmediato por la cadencia caribeña. Jerry, mostrando una faceta insospechada y muy galante, le extiende la mano invitándola a bailar. Ella le guiña un ojo y acepta el reto. Aunque Jerry es un tanto tieso y acartonado en sus movimientos, se esmera al máximo, completamente hipnotizado por el sensual bamboleo de hombros y caderas de la abogada. Los transeúntes se detienen, maravillados por la improvisada coreografía en mitad de la acera.

"Anacaona, areito de Anacaona..."

Al terminar la pieza, Valerie le deja una generosa propina al músico callejero y, entre risas, corre de la mano con Jerry para alcanzar el vagón del metro que los llevará a la oficina. Una vez que bajan en su destino, Valerie le agradece el baile con un gesto coqueto. Jerry encoge los hombros, completamente sonrojado por la timidez.

Sin embargo, la magia se desvanece al cruzar las puertas del bufete. Valerie se detiene en seco al quedar cara a cara con su pasado: Noel, el chico de Puerto Rico que ahora es una superestrella de la música pop y un cotizado actor. Ha ido al despacho para solicitar los servicios legales de la abogada debido a una seria amenaza de plagio por su último éxito musical. Valerie, impactada, adopta una actitud sumamente coqueta al saludarlo, dejando a Jerry desinflado en el pasillo. Don Cheo, que ha presenciado toda la escena desde su cubículo, se acerca a Jerry, le da una palmada en el hombro y le dice al oído que no se dé por vencido tan rápido.

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Por su parte, Kara sufre un duro golpe a su orgullo profesional. Acaba de salir de una junta donde le notificaron que ha sido retirada de la campaña principal de una prestigiosa marca de perfumes; los ejecutivos buscan una modelo más joven y fresca para el mercado actual. Desolada y con la autoestima por los suelos, Kara se sienta en la banca de un parque a lamentar su suerte cuando, de repente, una figura conocida se detiene frente an ella. Es el tímido Gilbert.

CONTINUARÁ...

***La canción elegida es "Anacaona" (Salsa), interpretada por Cheo Feliciano:

Comentarios

  1. Iré leyendo mas. Muy buen capítulo. Me encanto ver a "mis' personajes.

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    1. Gracias por el comentario, la IA me está ayudando con el desarrollo de esta historia, la cual, espero tenga solo 10 capítulos.

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