CAPITULO 4: CORAZON DE CRISTAL (Versión corregida y pulida con IA)

CAPITULO 4: CORAZON DE CRISTAL (Versión corregida y pulida con IA)

***Personaje recurrente: Noel, artista pop (Foto: Chico IA):



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Kara está sentada en la banca de un parque con la mirada perdida y el ánimo por los suelos. En ese momento, Gilbert la encuentra y, tras dudarlo un segundo, decide sentarse a su lado.

—¿Te pasa algo, Lorena? —pregunta Gilbert con suavidad.
—Snif... —Kara se limpia una lágrima—. Nada. Es solo que acabo de perder un contrato importante de modelaje porque los dueños de la marca querían un rostro más joven y fresco. ¿A ti te parece que ya estoy vieja, Gilbert?
—Para nada. Sigues siendo una mujer bellísima.
—Bueno, gracias... Oye, ¿y cómo te va con tus escritos?
—Nada importante —responde Gilbert, apartando la mirada por la timidez.
—¿Será que algún día pueda leerlos? Recuerdo que en el colegio te encantaba escribir.
—De verdad, no tienen ninguna importancia.
—¿Y no has pensado en publicarlos?
—No, yo solo escribo para mí.
—Está bien, respeto tu decisión. Pero si cambias de opinión, recuerda que yo podría ayudarte con mis contactos.
—Okay —dice Gilbert, buscando cambiar de tema urgentemente—. A propósito, ¿sabes que se está jugando la final de la Copa Stanley de hockey sobre hielo?
—Perdí el interés en cuanto eliminaron a los Canadiens.
—Ayer vi el primer juego y estuvo buenísimo. El equipo de los Carolina Hurricanes iba ganando por mucha diferencia, pero luego los Vegas Golden Knights empataron y tomaron la delantera. Se convirtió en un partido de ida y vuelta. Fue muy emocionante.
—¿Y quién ganó?
—Ganaron los Vegas Golden Knights. Hoy es el segundo juego. Si gustas, podríamos verlo juntos... —Gilbert baja la cabeza, abochornado—. Bueno, solo si tú quieres, claro.
—Me encantaría —responde ella con una sonrisa radiante y una mirada coqueta.

Gilbert se pone nervioso y esquiva la mirada, completamente ruborizado.

—¿En serio? ¿Quieres ver el partido de hockey conmigo?
—Sí, claro. Sería como revivir los viejos tiempos. ¿Te acuerdas de cuando vimos juntos ganar el campeonato a los Montreal Canadiens y, al año siguiente, coronarse a los New York Rangers?
—Sí, me acuerdo perfectamente. Mark Messier jugaba con los Rangers; era mi gran ídolo. Pero nunca pude conseguir su autógrafo.
—Entonces, ¿qué dices? ¿Vemos el juego? Podríamos ir a un sports bar que está aquí cerca.
—No, por favor, prefiero que vayamos a un lugar más privado. No quiero estar en un sitio público, ya sabes... No tengo ganas de lidiar con los paparazzis o con fanáticos alocados, ¿me entiendes?
—Entendido. Entonces, ¿dónde nos reunimos?
—¿Por qué no vamos a tu apartamento?
—¿A mi apartamento?
—Sí, ¿por qué no?
—No lo sé... —responde él, rascándose la nuca con timidez—. No creo que te guste. Es muy pequeño.
—No importa. Yo quiero conocer tu espacio. ¿Qué dices?

Gilbert mira a Kara, cuyos ojos brillan con picardía. Ella le guiña un ojo. Él se sonroja por completo, pero, venciendo sus miedos, acepta la invitación para disfrutar del hockey en la intimidad de su hogar.

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Mientras tanto, en el bufete de abogados, Valerie se encuentra atónita al tener cara a cara a Noel, el amor de su vida. El ahora exitoso artista pop y actor ha ido a buscar sus servicios legales debido a una grave demanda que lo acusa de plagio.

—¿En serio te han demandado por plagio, Noel?
—Es una calumnia, Valerie. Tú me conoces, sabes perfectamente que yo compongo mis propias canciones.
—Que yo sepa, tú nunca supiste componer canciones.
—¿Crees que te miento? Te juro que es la verdad. Yo soy el autor de todos mis temas.
—No sé cómo voy a ayudarte con esto...
—Por favor, te lo suplico, ayúdame. Quieren destruir mi carrera. Si tú no puedes hacerlo, tendré que buscar a otro abogado.
—¡Está bien, está bien! Te ayudaré, pero necesito que me cuentes absolutamente toda la verdad. Ven, pasemos a la sala de juntas para poder conversar en privado. ¿Vamos?

Valerie le dedica una sonrisa profesional pero cercana. Noel, aliviado, cede de inmediato a los encantos de la bellísima abogada y camina junto a ella. Mientras se acomodan en la sala de juntas, el artista busca romper la tensión.

—¿Te conté que estoy audicionando para la nueva adaptación del musical West Side Story? —comenta Noel con orgullo—. Es muy probable que me elijan para el personaje de Bernardo.
—Qué bien, Noel. Sé que ese siempre ha sido tu gran sueño.
—¿Y tú, Valerie? ¿Has vuelto a actuar o a cantar?
—No, no después de lo que sucedió. Tú mejor que nadie me entiendes.
—Eras una actriz y cantante descomunal, pudiste haber llegado muy lejos.
—Sí, como sea. Por favor, concentrémonos en tu caso. Dime, ¿en realidad plagiaste esa canción o la escribiste tú sola?
—Te repito que yo compuse esa melodía.
—Noel, quiero la verdad desnuda. Si no me la cuentas, no podré armar una defensa sólida.

Noel guarda silencio, respira hondo y finalmente confiesa la realidad: su jefe y productor le entregó la partitura terminada asegurándole que era de su propia autoría y que Noel debía registrarla como suya. Nunca le reveló la identidad del verdadero autor. Con los hechos reales sobre la mesa, Valerie saca su libreta y, demostrando su agudeza como abogada, comienza a preparar la estrategia legal para proteger a su cliente.

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Por su parte, en uno de los cubículos del bufete, Jerry observa la escena de reojo en compañía de Don Cheo.

—Hay hombres que de verdad lo tienen todo en esta vida —suspira Jerry, desanimado.
—Tú eres mucho mejor prospecto que ese tipo, Jerry —le espeta Don Cheo.
—Por favor, Don Cheo, él es uno de los artistas pop más famosos y codiciados del mundo entero. Todas las mujeres se mueren por estar con él.
—Solo están enamoradas de un empaque físico. Además, ese muchacho no vale ni un carajo. Como actor es pésimo, y como cantante, es un producto de estudio; un artista prefabricado sacado de la mentalidad de un productor codicioso.
—Pero ¿cómo se supone que voy a competir contra eso?
—Con sencillez y autenticidad, muchacho. Pero esto es mejor hablarlo en otro ambiente. ¿Te parece si nos juntamos en la lavandería esta noche?
—Hum... está bien.

Al terminar el turno, Jerry y Don Cheo se dirigen juntos hacia el local de Luis Roberto.

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Esa misma tarde, Meredith disfruta de unos hot-dogs con mostaza en un banco de la calle en compañía de Gilda. De repente, Meredith se queda con la mirada fija en el pavimento, pensativa.

—¿Te pasa algo, Meredith? —pregunta Gilda, dándole un mordisco a su comida.
—Es que no puedo creerlo, Gilda. Esa chiquilla, Roxy... es literalmente la encarnación viva de la traición que sufrí en el altar. ¿Puedes creer la ironía?
—Así de caprichosa es la vida. Pero recuerda que Roxy no tiene la culpa de las malas cabezas de sus padres. Ella es solo un ser inocente en todo este enredo.

En ese momento, Inés Lorena se aproxima a la distancia cargando la bolsa de papel con el libro que acaba de adquirir en la librería. Al verlas, se dirige directamente hacia Meredith.

—¡Mamá!

Meredith se da la vuelta y saluda con una sonrisa a su bella hija, quien también intercambia un saludo afectuoso con Gilda.

—Hola, Inés Lorena, ¿cómo estás? ¿Qué fue lo que compraste?
—Un libro. Pero lo mejor de todo no es la lectura, sino el empleado que me atendió. ¡Es que es tan guapo!
—¿Otra vez con lo mismo? Siempre te enamoras del primer hombre que te sonríe.
—Pero esta vez es diferente, mamá. De verdad creo que este chico es el definitivo.

Antes de que Meredith pueda replicar, la silueta de Jack aparece caminando hacia ellas. Esta vez viene solo. Jack reconoce de inmediato a Gilda, ya que compartieron aulas en la universidad. Al ver al imponente hombre, Inés Lorena le lanza una mirada coqueta y arrebatadora.

—Hola, Meredith. Hola, Gilda —saluda Jack con cortesía.
—Hola, Jack —responde Meredith, tratando de mantener la compostura.
—Mamá... —interviene Inés Lorena en un susurro—. ¿Quién es este señor?

Antes de que la diseñadora pueda articular palabra, Jack da un paso al frente, ojeando a la joven con asombro.

—¿Tienes una hija, Meredith? —pregunta Jack, genuinamente sorprendido.
—Pues sí —responde Meredith con orgullo—. Inés Lorena es mi hija. ¿Y dónde está la tuya?
—Roxy tenía una sesión fotográfica por la tarde. Pero dime, ¿por qué no me habías contado que eras madre?
—No lo consideré un asunto de tu incumbencia. Yo también tenía pleno derecho a rehacer mi vida tras tu partida, ¿verdad?
—Eso es muy cierto. Tienes toda la razón... En fin, en realidad venía a buscarlas porque quería invitarlas al cine. Están estrenando la nueva película basada en He-Man y los amos del universo. ¿Te acuerdas de He-Man?

—¡Yo sí me acuerdo! —interviene Gilda, entusiasmada—. ¡No nos perdíamos esos dibujos animados por nada del mundo! ¿Te acuerdas, Meredith?
—Claro que me acuerdo. Qué tiempos aquellos tan maravillosos.
—Perdonen... —interrumpe Inés Lorena, extrañada—. ¿Quién se supone que es ese tal He-Man?
—Son unos dibujos animados de la época en la que tu mamá y yo éramos adolescentes —le explica Gilda—. Ahora filmaron una superproducción con actores de carne y hueso.
—Oh, ya sé cuál es —recuerda Inés Lorena—. Creo haber visto los avances en las redes. Se ve bastante buena.
—¡Ejem! —interviene Jack con orgullo—. Yo todavía conservo intacta mi colección de figuras de acción de He-Man en sus cajas.
—¡Vaya, cuánto tiempo sin escuchar de eso! —dice Meredith, y por un segundo, sus ojos brillan con nostalgia.
—Entonces, ¿qué dices, Meredith? ¿Me aceptas la invitación? Pueden venir las tres. Roxy ya está de acuerdo y nos alcanzará allá.
—Ejem... —interviene Inés Lorena, viendo su oportunidad—. ¿Puedo invitar a un amigo?
—Sí, claro, muchacha, trae a quien quieras —responde Jack de buen grado.

Inés Lorena sonríe para sus adentros, pensando únicamente en usar la invitación para arrastrar a Yasniel con ella.

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Esa noche, Don Cheo recibe a Jerry en la lavandería. Mientras dobla unas camisas, el viejo se burla a carcajadas de las risibles y exageradas actuaciones de la telenovela de la pantalla, momento que aprovecha para transmitirle al joven su profunda fascinación por el séptimo arte. Le habla con pasión de las grandes producciones de los años 70, la que para él es la mejor década del cine, destacando de manera especial The Way We Were (Tal como éramos), protagonizada por Barbra Streisand y Robert Redford. Le explica cómo la cinta narra la tormentosa pero apasionada historia de amor entre Hubbell y Katie, dos estudiantes universitarios de caracteres e ideologías opuestas que se casan a pesar de las dificultades.

—Te confieso que nunca fui muy fanático de Barbra Streisand, pero esa película es una auténtica obra de arte —afirma Don Cheo con nostalgia—. Ya no se hace cine con esa alma.
—Me dejó intrigado, Don Cheo. ¿Sabe en qué plataforma la puedo conseguir?
—No tengo la menor idea, muchacho. Yo la vi en un cine de la vieja escuela hace ya demasiados años.
—La voy a buscar de todos modos. Gracias por la recomendación.

En ese instante, la puerta de la lavandería se abre y entra Valerie acompañada por Noel. El cantante se emociona de sobremanera al notar que las televisiones del local emiten justamente la telenovela que él protagoniza. Al instante, varios clientes lo reconocen y se abalanzan sobre él pidiéndole autógrafos y fotografías, dejando a Valerie a un lado.

Don Cheo le da un codazo sutil a Jerry y le susurra al oído que se acerque a hablar con ella, que es su oportunidad de oro. Armándose de valor, el joven abogado camina hacia la mujer.

—Ejem... Hola, Valerie —dice Jerry con timidez—. Qué milagro encontrarte por aquí... en este lugar... Veo que tu cliente está bastante solicitado.
—¡Oh, sí! —sonríe Valerie—. No lo dejan tranquilo en ningún lado. Qué grata sorpresa verte aquí, Jerry. ¿Vienes seguido a este local?
—Vine para acompañar a Don Cheo a dejar una ropa.

Jerry y Valerie se sostienen la mirada durante un instante mágico. Sin embargo, la burbuja se rompe cuando Noel se zafa de los fanáticos, toma a Valerie del brazo y se despiden a toda prisa para retirarse del local. Jerry suelta un largo suspiro de frustración, mientras Don Cheo se acerca para palmearle la espalda en señal de apoyo.

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Días después, Inés Lorena regresa a la librería con la firme intención de invitar a Yasniel al cine. Sin embargo, el ambiente está tenso: Yasniel atiende con una evidente cara de pocos amigos al ver cómo, en el pasillo continuo, Julianne le sonríe y coquetea abiertamente a Clark, el cliente que ha vuelto a visitar la tienda.

—Hola, guapo —saluda Inés Lorena con voz cantarina—. El libro que me recomendaste el otro día está buenísimo.
—Me alegra que haya sido de tu agrado —responde Yasniel en tono monocorde y sin mirarla.
—Oye, ¿qué te pasa? Te noto el ánimo por los suelos. ¿Por qué esa cara tan triste?
—No es nada. Solo he tenido un mal día. ¿Vas a llevar alguna otra cosa?

Buscando llamar su atención, la joven toma un ejemplar al azar del mostrador: Actos humanos, de la Premio Nobel Han Kang. Yasniel, recuperando un poco el profesionalismo, le explica la sinopsis del volumen: la desgarradora novela revive el trágico Levantamiento de Gwangju de 1980 en Corea del Sur y, a través de las perspectivas de siete personajes interconectados, explora el dolor, la tortura y los extremos de la brutalidad y la compasión humana.

—¡Guau! Se ve un libro muy denso e interesante. Me lo llevo.
—Buena elección. Con esta lectura descubrirás por qué la autora se hizo acreedora al Premio Nobel de Literatura.
—Oye, guapo... y ya que estamos en esto, ¿no te gustaría acompañarme al cine esta noche?
—Te lo agradezco, pero no puedo. Estoy muy ocupado haciendo el balance de inventario de la librería. Lo siento.
—Ay, qué lástima... —susurra Inés Lorena, deslizando sus dedos con atrevimiento sobre el brazo de Yasniel.

Él, manteniendo la compostura, se hace a un lado con discreción. Resignada, la coqueta joven paga el ejemplar y se encamina a la salida, no sin antes lanzarle un último guiño. Al salir, se topa en la acera con Clark, quien también va saliendo tras comprar su libro. Curiosa, Inés Lorena le hace conversación y él le muestra que adquirió El beso de la mujer araña, de Manuel Puig, la célebre obra que inspiró la película de los 80 y un famoso musical. Aprovechando la coincidencia, Inés Lorena le propone a Clark ir al cine juntos, y el muchacho acepta encantado. Pero, dias después, Inés Lorena cancela su cita con Clark. 

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Al caer la noche, Meredith, Gilda e Inés Lorena se reúnen en el vestíbulo del cine con Jack y Roxy. El grupo entra a la sala para disfrutar de Masters of the Universe, la nueva adaptación con actores reales de la popular franquicia de los ochenta. Durante los cortos, Meredith recuerda con una sonrisa la primera versión cinematográfica de 1987, confesando entre risas que en su adolescencia tenía un enorme crush con Dolph Lundgren, el actor original, quien por cierto realiza un pequeño cameo en esta nueva cinta.

A mitad de la función, Roxy se excusa para ir al baño. En el pasillo se encuentra de frente con Liam. Molesta, lo frena en seco y le exige que la deje en paz o de lo contrario interpondrá una denuncia formal por acoso ante las autoridades. Liam, intimidado, da un paso atrás y se marcha. Inés Lorena, que venía saliendo de la sala, presencia el final de la escena y se acerca a Roxy.

—Oye —le dice Inés Lorena con curiosidad—, ese chico se veía genuinamente interesado en ti. Deberías darle una oportunidad.
—Por favor, ese tipo no me gusta en lo más mínimo —bufa Roxy.
—A mí me parece un buen prospecto.
—Además es feísimo, ¿acaso no le has visto el tamaño de las orejas?
—Bueno, las orejas se pueden operar. ¿Es que no conoces los milagros de la cirugía plástica?
—Mejor regresemos a ver la película antes de que nos perdamos el final.

Ambas muchachas vuelven a sus asientos en silencio.

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Al término de la función, el grupo decide trasladarse al apartamento de Jack y Roxy para continuar la velada. Se acomodan en la sala a ver televisión por cable y se topan con una maratón de clásicos nostálgicos. Comienzan viendo un episodio de Full House (Tres por tres), aquel donde Stephanie se lleva por error un vestido de una tienda porque el cartel decía "compre uno, pague después". Al intentar devolverlo, la alarma se activa y la vendedora la detiene; sin embargo, tras llamar a Danny, el padre de las chicas, la dueña comprende la confusión y no presenta cargos. El episodio también muestra una cena romántica del tío Jesse con Rebecca, mientras Joey se disfraza de Popeye, su cita de Olivia y la pequeña Michelle enternece a todos como Cocoliso.

La transmisión desata una oleada de recuerdos entre Meredith y Jack. Ella confiesa que de niña estaba enamorada del papá de las chicas, mientras que Jack admite que le encantaba Kimmy Gibbler, la vecinita entrometida, porque DJ le caía mal.

Después sintonizan I Dream of Jeannie (Mi bella genio). Meredith recuerda que de pequeña veía al Capitán Nelson y soñaba con tener poderes mágicos, y que años más tarde seguía al mismo actor en Dallas, intentando adivinar quién le había disparado a J.R. En el episodio emitido, Tony hace un pacto para no usar los poderes de Jeannie o de lo contrario ella perderá los suyos; poco después es secuestrado por unos mafiosos chinos y una sensual espía que le aplica el suero de la verdad. Para salvarlo, Jeannie le pide a Roger que revierta el pacto convirtiéndose temporalmente en su amo, logrando rescatar al Mayor Nelson justo a tiempo.

Animados por los recuerdos y las risas, Jack anima a  Meredith para que cante una canción. Inés Lorena está sorprendida. Ella no sabía que su madre podía cantar. Jack le confirma que Meredith canta como los dioses. Entonces, Meredith, respira hondo,y comienza a entonar una emotiva canción llamada "New York in June." 
Jack la acompaña con el piano. Su melancólica interpretación evoca cafés para dos, boletos para los Yankees al mediodía y tardes de scotch y puros, transmitiendo su profunda fascinación por Manhattan en la época estival. 

En medio de la música, Inés Lorena revisa su celular y anuncia con emoción que los San Antonio Spurs acaban de ganar su eliminatoria, convirtiéndose en el rival oficial de los New York Knicks para la gran final de la NBA. Jack propone que se reúnan todos en el apartamento para sintonizar los dos primeros partidos de la serie, invitando formalmente a Meredith y a Gilda.

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Los dos primeros encuentros de la final, disputados en San Antonio, Texas, se viven con pura adrenalina en el apartamento de Jack. Los Knicks logran una hazaña al ganar ambos juegos como visitantes. El grupo lo celebra por todo lo alto, bailando y brindando al compás de "I Will Survive" de Gloria Gaynor. Para el tercer juego, la acción se traslada a Nueva York. Jack logra conseguir entradas exclusivas en las gradas del Madison Square Garden. La atmósfera de la arena es eléctrica. Jack y Roxy toman sus asientos listos para apoyar a los Knicks, pero la alegría se transforma en una tensión familiar insoportable cuando descubren que los asientos contiguos han sido ocupados por Liam, Meredith e Inés Lorena. Las miradas incómodas van y vienen entre los adultos mientras el silbato inicial resuena en la cancha.

En el medio tiempo, aprovechando un descuido de Jack, Liam se inclina hacia Roxy y le propone una apuesta atrevida: si los Knicks ganan la serie final y se coronan campeones, ella tendrá que dejar a un lado su orgullo y darle una oportunidad romántica real; si pierden, él desaparecerá de su vida para siempre. La tensión se eleva al máximo; en una final de la NBA no hay absolutamente nada asegurado. Inés Lorena, escuchando el trato, codicia a Roxy para que acepte, asegurando que los Knicks tienen el campeonato en la bolsa. Roxy acepta el trato con una mirada desafiante. Sin embargo, la suerte de la noche no los acompaña: los Knicks pierden el tercer encuentro de forma estrepitosa.

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Por otra parte, en la intimidad de su hogar, Gilbert recibe a Kara para disfrutar de la emocionante final de la Copa Stanley de hockey sobre hielo entre los Carolina Hurricanes y los Vegas Golden Knights. Kara grita y apoya con fervor a los de Las Vegas, motivada por el rencor de que los Hurricanes hayan eliminado previamente a sus amados Montreal Canadiens. Durante la transmisión, se sorprenden gratamente al ver que el legendario exjugador Mark Messier es uno de los comentaristas principales del encuentro.

La serie resulta ser un espectáculo agónico que se extiende hasta un sexto juego. Este tercer partido en particular se vuelve tan reñido que obliga a irse a dos tiempos extras reglamentarios. Aprovechando que Gilbert va a la cocina por unos bocadillos en medio de la tensión del partido, Kara comienza a husmear con curiosidad por la estancia hasta que sus ojos se topan con un fajo de hojas sobre el escritorio: es el borrador manuscrito de una de sus novelas ocultas.

—Perdona... ¿qué haces revisando mis cosas privadas? —pregunta Gilbert, apareciendo en el umbral con los ojos abiertos, visiblemente molesto.
—¡Oh! Lo siento muchísimo, Gilbert —se disculpa Kara, dejando las hojas en su lugar de inmediato—. No pude resistir la tentación. Te prometo que lo dejo donde estaba. ¿Volvemos a ver el partido?

Gilbert asiente en silencio, todavía un tanto ruborizado. Ambos regresan al sofá de la sala para continuar viviendo la adrenalina del hockey sobre hielo, ignorando que ese manuscrito está por cambiar sus vidas para siempre.


CONTINUARÁ...

***La canción elegida es "New York in June" interpretada por Helen Slater:
   

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