CAPÍTULO 5: CORAZÓN DE CRISTAL (Versión corregida y pulida con IA)
Esa noche, Kara y Gilbert continúan disfrutando del partido de hockey sobre hielo en la intimidad del apartamento. Él observa fascinado a la modelo, quien grita con pasión ante cada jugada y protesta con vehemencia las decisiones de los jueces.
—¡No puedo creerlo! —exclama ella, indignada—. ¡Eso era una falta del tamaño de una catedral y el árbitro no pita nada! En cambio, en la jugada anterior ni lo tocó y le cantan infracción.
Durante un corte comercial, Kara aprovecha la pausa para buscar conversación.
—¿La estás pasando bien, Gilbert? —pregunta la modelo con una sonrisa radiante, mientras cruza sensualmente sus largas y torneadas piernas.
—¿Ah? —Gilbert la mira parpadeando, completamente distraído tras quedarse contemplando su deslumbrante belleza—. Disculpa, ¿me decías algo?
—¡No puedo creerlo! —exclama ella, indignada—. ¡Eso era una falta del tamaño de una catedral y el árbitro no pita nada! En cambio, en la jugada anterior ni lo tocó y le cantan infracción.
Durante un corte comercial, Kara aprovecha la pausa para buscar conversación.
—¿La estás pasando bien, Gilbert? —pregunta la modelo con una sonrisa radiante, mientras cruza sensualmente sus largas y torneadas piernas.
—¿Ah? —Gilbert la mira parpadeando, completamente distraído tras quedarse contemplando su deslumbrante belleza—. Disculpa, ¿me decías algo?
—Te preguntaba si estás disfrutando del partido.
—Muchísimo. Está resultando ser un juego muy emocionante.
—Quién diría que a ti antes no te gustaba para nada el hockey sobre hielo.
—Tú lograste que me apasionara por este deporte, ¿ya lo olvidaste?
—Oh, es verdad. Me alegra haberte heredado un buen gusto. Bueno, con permiso, voy a la cocina por un vaso con agua.
—No, por favor —interviene él con caballerosidad, levantándose de inmediato—. Quédate ahí, yo te lo sirvo. Ya regreso.
Kara le regala un pícaro guiño en agradecimiento por su galantería. Gilbert camina hacia la cocina sintiendo que el corazón le da un vuelco, completamente encendido por la sensualidad de la hermosa mujer. Kara aprovecha que se ha quedado sola para continuar husmeando discretamente por el apartamento.
En las paredes descubre varios diplomas de felicitación que acreditan a Gilbert como el mejor agente de seguros del mes. Se alegra de corazón por sus logros profesionales y, al seguir explorando, encuentra una pulcra máquina de escribir, una selecta colección de libros y vinilos, y varias repisas repletas de películas en formato DVD y Blu-ray.
—Aquí tienes, Kara —dice Gilbert, regresando con el vaso.
—Aquí tienes, Kara —dice Gilbert, regresando con el vaso.
—Por favor, cuando estemos a solas dime Lorena —pide ella en un tono sugerente.
—Oh, disculpa... Lorena.
—Así está mejor —sonríe Kara, recibiendo el vaso—. Estaba mirando tus diplomas al mejor agente. Muchas felicidades, de verdad.
—Solo es mi trabajo —responde Gilbert con timidez—. Por desgracia no se puede vivir de la escritura, así que uno tiene que rebuscarse la vida para pagar los billes y las cuentas de la casa. Lo bueno es que este empleo me permite conocer a muchas personas y sus historias. Te sorprendería la cantidad de relatos diferentes que escucho de mis clientes. Vivir en una ciudad tan multicultural y cosmopolita como Nueva York te da la oportunidad de compartir con gente de todas las nacionalidades.
—Te entiendo perfectamente —asiente ella tras dar un sorbo—. Oye, noto que todavía utilizas una máquina de escribir tradicional.
—Así es. No logro acostumbrarme a la frialdad de las computadoras. Necesito sentir el tic-tic físico de las teclas.
—Me imagino que debe ser un dolor de cabeza conseguir las cintas de tinta y darle mantenimiento.
—Por suerte tengo buenos contactos en el mercado de antigüedades. Además, yo mismo me encargo de mantenerla a punto.
De pronto, la atención de Kara se desvía hacia la carátula de una película en DVD: The Way We Were (Tal como éramos), el mismo clásico del que le había hablado Don Cheo a Jerry.—Me encantan las películas de la vieja escuela —comenta Gilbert, un tanto apenado.
—A mí también. En esa época el cine se hacía por puro amor al arte.
—Bueno, ya va a reanudarse el partido —anuncia él.
Ambos regresan al sofá para continuar con el hockey, pero en cuanto el juego termina, Kara lo convence de colocar la película en el reproductor.
La cinta avanza mostrando el complejo romance entre dos universitarios de mundos opuestos: Katie, una joven comprometida con sus ideales políticos de izquierda, y Hubbell, el apuesto y popular atleta que esconde una gran pasión por la literatura. A pesar de sus marcadas diferencias, se complementan, se enamoran y alcanzan el éxito. Sin embargo, las presiones sociales y la férrea censura política de la época comienzan a mellar la relación, sumergiendo a Katie en el temor y la frustración.
Ver la pantalla enciende una chispa en Kara; desea con todas sus fuerzas que Gilbert logre el mismo éxito como escritor. En el largometraje, incapaces de conciliar sus mundos, los protagonistas deciden separarse. Años después, tras un breve y nostálgico encuentro casual en una calle de Nueva York, se despiden para siempre mientras resuena la inmortal melodía interpretada por Barbra Streisand.
Ambos regresan al sofá para continuar con el hockey, pero en cuanto el juego termina, Kara lo convence de colocar la película en el reproductor.
La cinta avanza mostrando el complejo romance entre dos universitarios de mundos opuestos: Katie, una joven comprometida con sus ideales políticos de izquierda, y Hubbell, el apuesto y popular atleta que esconde una gran pasión por la literatura. A pesar de sus marcadas diferencias, se complementan, se enamoran y alcanzan el éxito. Sin embargo, las presiones sociales y la férrea censura política de la época comienzan a mellar la relación, sumergiendo a Katie en el temor y la frustración.
Ver la pantalla enciende una chispa en Kara; desea con todas sus fuerzas que Gilbert logre el mismo éxito como escritor. En el largometraje, incapaces de conciliar sus mundos, los protagonistas deciden separarse. Años después, tras un breve y nostálgico encuentro casual en una calle de Nueva York, se despiden para siempre mientras resuena la inmortal melodía interpretada por Barbra Streisand.
Kara contiene un suspiro al final de la cinta, lamentando profundamente que los personajes no se hayan quedado juntos a pesar de que todavía se amaban y compartían una hija. Gilbert, analizando la trama con más realismo, opina que era el desenlace correcto debido a que sus diferencias los hacían chocar constantemente.—Oye, Gilbert... —dice Kara, acercándose un poco más—. Tengo un excelente amigo que trabaja como editor en una firma muy importante. Creo que sería una gran idea conseguirte una cita para que le muestres tus manuscritos.
—No creo que sea una buena idea, Lorena.
—No pierdes nada con intentarlo. Es justo y necesario que el mundo entero conozca el inmenso talento que escondes.
—De verdad, prefiero que no hablemos de ese tema.
—Está bien, lo entiendo. Pero si cambias de opinión, la oferta sigue en pie.
—A todo esto... —pregunta Gilbert para desviar la atención—, ¿cómo fue que adoptaste el nombre artístico de "Kara"?
—Lo saqué de un cómic de Supergirl que leí hace tiempo y me encantó. ¿Por qué? ¿No te gusta cómo suena?
—Para nada, me parece un nombre hermoso y muy original.
—Pero quiero que sepas que, en el fondo, yo siempre seré Lorena Smith. Siempre seré tu Lorena.
Kara le regala un último guiño cargado de magnetismo y se inclina lentamente hacia él hasta acortar la distancia en un beso apasionado. Gilbert se despoja de todas sus inhibiciones y se deja arrastrar por sus impulsos. Segundos después, se trasladan al dormitorio para entregarse por completo a una noche de amor salvaje y desenfrenado. El tímido agente de seguros finalmente se libera de sus temores, abrazando y besando con locura a la bellísima modelo, quien gime de puro placer entre sus brazos.
Horas más tarde, aprovechando que Gilbert duerme plácidamente cobijado por las sábanas, Kara se levanta con cautela, toma el borrador del manuscrito que había visto anteriormente y lo guarda en su bolso, decidida a llevárselo a su amigo editor.
+++
—¡Hola, Roxy! Qué alegría encontrarte trabajando.
—Hola, Inés Lorena. Qué grata sorpresa tenerte por aquí.
—Oye... noté que tu galán no te despegaba los ojos de encima mientras tomabas las fotos.
—Pues que mire todo lo que quiera, a mí me da exactamente igual.
—¿No será que en el fondo te gusta más de lo que estás dispuesta a admitir?
—¡Por favor, no digas tonterías! —niega Roxy, ocultando su nerviosismo—. Más bien, quería decirte que la pasé de maravilla el otro día en el cine y luego viendo los juegos de los Knicks.
—Sí, estuvo genial. Aunque lamenté mucho que tu cita no pudiera asistir al final.
—¿Mi cita? ¿A cuál cita te refieres?
—Al chico con el que me dijiste que ibas a ir al cine en la librería.
—¡Ah, él! Bueno... la verdad es que yo misma decidí cancelarle a último momento. Preferí pasar tiempo en familia. Por cierto, ¿viste lo bien que se veían tu madre y mi papá juntos?
—Es verdad, hacen una pareja de lo más elegante. Es muy curioso que se conocieran desde la juventud.
—Como dicen por ahí: "donde hubo fuego, cenizas quedan". Me daría mucha curiosidad saber la verdadera razón por la que se separaron en su momento. Tuvo que haber sido un motivo sumamente fuerte, ¿no crees?
—Puede ser... —responde Roxy, tratando de evadir el espinoso tema—. Pero cuéntame, ¿tú sabes algo del actual compromiso de tu mamá?
—Bueno, ella sigue con su pareja estable de hace años. ¿Y tú? ¿Te ves muy seguido con tu papá?
—La verdad es que solo compartimos en ocasiones especiales. En fin, Inés Lorena, quería decirte que me caes estupendamente bien. Espero que podamos construir una gran amistad.
Roxy e Inés Lorena se sonríen con sincero afecto. A unos metros, oculta tras el follaje, Gilda observa la tierna escena. Como conoce toda la historia, la alegre Gilda intuye el lazo de sangre que une a las dos muchachas, pero prefiere guardar el secreto para no desatar una tormenta.
—¡Oye, Gilda! —la llama Roxy al descubrirla—. Ven acá. ¿Tú sabes por qué mi papá se separó de la mamá de Inés Lorena?
—Yo también muero por saberlo —secunda Inés Lorena—. Se nota que se amaban con locura.
—Muchachas, esos son asuntos del pasado que solo les corresponde responder a ellos —evade Gilda con una sonrisa pícara—. Más bien, ¿qué les parece si dejamos las intrigas y las invito a comer unos deliciosos hot-dogs?
Sin esperar respuesta, Gilda engancha del brazo a las dos jóvenes y las guía con entusiasmo hacia el puesto callejero más cercano.
En otro extremo del parque, Meredith se encuentra sumergida en su trance creativo, realizando bosquejos para su próxima colección de alta costura inspirándose en el andar de los transeúntes. De pronto, una sombra se proyecta sobre su cuaderno. Es Jack, quien sostiene un hermoso ramo de rosas rojas en las manos.
Sin esperar respuesta, Gilda engancha del brazo a las dos jóvenes y las guía con entusiasmo hacia el puesto callejero más cercano.
+++
—Hola, Meredith.
La diseñadora parpadea, regresando a la realidad.
—¿Jack? Vaya, disculpa... Estaba concentrada en unos diseños para la nueva temporada.
La diseñadora parpadea, regresando a la realidad.
—¿Jack? Vaya, disculpa... Estaba concentrada en unos diseños para la nueva temporada.
—Lamento mucho haber interrumpido tu momento de inspiración. Solo venía a darte esto y a agradecerte por los maravillosos momentos que compartimos en el cine y durante los partidos de baloncesto.
—Yo también la pasé muy bien, Jack. Gracias por el detalle.
—Me alegra mucho ver que nuestras hijas se están convirtiendo en tan buenas amigas.
—Así es. Es la magia de la nueva generación.
—Meredith... con respecto a nosotros... ¿tú crees que todavía exista una oportunidad de...?
—¡Ni lo sueñes, Jack! —lo frena ella con voz firme—. Pasamos un rato agradable y me alegra la amistad de las chicas, pero lo nuestro quedó enterrado hace muchos años.
—¿Por qué eres tan dura? Nos quisimos con toda el alma.
—Porque no tengo amnesia, Jack. No puedo borrar lo que me hiciste sufrir al dejarme plantada en el altar, y mucho menos el hecho de que ni siquiera tuvieras los pantalones de decírmelo a la cara, recurriendo a una maldita carta.
—Reconozco plenamente que fui un cobarde, Meredith. Me asusté y no supe cómo reaccionar ante la situación de la madre de Roxy. Estoy profundamente arrepentido, de verdad.
—Es demasiado tarde para los remordimientos, ¿no crees? El tiempo no regresa.
—Meredith, solo te pido que me saques de una duda... Inés Lorena... ¿es mi hija?
—¿Pero qué tonterías estás diciendo? —responde ella a la defensiva—. ¡Por supuesto que no es tu hija!
—Te conozco, Meredith. Tú no eras de las mujeres que se entregaban a cualquiera así como así.
—Pues las personas cambian cuando les destrozan el corazón. Poco después de tu traición conocí a un hombre y con él tuve a Inés Lorena. Las cosas no funcionaron y nos separamos al poco tiempo, eso es todo.
Jack extiende la mano con ternura intentando acariciar la mejilla de Meredith, pero ella esquiva el contacto con elegante discreción. En ese preciso instante, Gilda y las chicas regresan de comer, emocionándose al ver a los padres conversando tan cerca. Cortando la tensión, Roxy anuncia que debe retomar su sesión fotográfica y Jack se ofrece a acompañarla, despidiéndose del resto.
Un par de horas más tarde, Inés Lorena acude a la librería acompañada de su madre. La joven busca presentarle a Yasniel, ignorando que Meredith ya lo conoce del pub. Al entrar, la diseñadora nota la tensión en el mostrador y decide acercarse a conversar directamente con Julianne, quien observa la escena con los brazos cruzados.
Jack extiende la mano con ternura intentando acariciar la mejilla de Meredith, pero ella esquiva el contacto con elegante discreción. En ese preciso instante, Gilda y las chicas regresan de comer, emocionándose al ver a los padres conversando tan cerca. Cortando la tensión, Roxy anuncia que debe retomar su sesión fotográfica y Jack se ofrece a acompañarla, despidiéndose del resto.
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—Hola, Julianne. Estás que echas chispas de los celos, ¿verdad?
—¿Yo, celosa? ¡Por favor! ¿Acaso no ve cómo esa coqueta insiste en seducir a Yasniel en pleno horario laboral? ¡No lo deja en paz!
—Confirmado, estás celosísima —se burla Meredith con simpatía—. Para tu información, esa "coqueta" de la que hablas es mi hija Inés Lorena.
—¿Su hija? —Julianne se queda de una pieza.
—Así es. Y la verdad, a mí no me molestaría en lo más mínimo tener a un muchacho tan bueno como Yasniel de yerno. Oye, cambiando de tema, ¿nos vemos esta noche con el grupo en el pub de siempre?
—Sí, por supuesto. Ahí estaré.
—Hacemos un equipo estupendo todas juntas, ¿no crees?
—Sin duda alguna.
En ese momento, las campanillas de la puerta tintinean y Clark ingresa al local. Julianne, forzando una sonrisa radiante para disimular su agitación, se apresura a atenderlo. El joven se dirige al estante de literatura latinoamericana y selecciona tres títulos: Esos pequeños gestos del chileno Patricio Sesnich Espinoza, Los golpistas del peruano Jaime Bayly, y El amor de Carmela me va a matar del también peruano Eduardo González Viaña.
En ese momento, las campanillas de la puerta tintinean y Clark ingresa al local. Julianne, forzando una sonrisa radiante para disimular su agitación, se apresura a atenderlo. El joven se dirige al estante de literatura latinoamericana y selecciona tres títulos: Esos pequeños gestos del chileno Patricio Sesnich Espinoza, Los golpistas del peruano Jaime Bayly, y El amor de Carmela me va a matar del también peruano Eduardo González Viaña.
—Hola, Clark. Qué gusto tenerte de nuevo por aquí. ¿Interesado en los autores de Latinoamérica? —pregunta Julianne con coquetería.
—Así es —sonríe Clark—. En mi trabajo convivo con muchos inmigrantes hispanos y me fascina escuchar sus vivencias. Es increíble cómo arriesgan todo persiguiendo la idea de que esta es la tierra de las oportunidades.
—He escuchado muchas historias similares. Precisamente Yasniel me contaba que su familia llegó a este país persiguiendo el sueño americano. Al establecerse, comprendieron que el dinero no crece en los árboles y que se debe trabajar el doble para salir adelante.
—Y vaya que lo logran, pero a base de puro sacrificio legítimo.
Desde el mostrador, Yasniel observa la interacción devorado por los celos. Inés Lorena, notando su distracción, aprovecha el momento y le planta un beso impulsivo en los labios. Julianne voltea de inmediato y camina hacia ellos hecha una furia. Yasniel se aparta de la joven de un salto.
Desde el mostrador, Yasniel observa la interacción devorado por los celos. Inés Lorena, notando su distracción, aprovecha el momento y le planta un beso impulsivo en los labios. Julianne voltea de inmediato y camina hacia ellos hecha una furia. Yasniel se aparta de la joven de un salto.
—¡Epa! ¡No te extralimites, por favor! ¡Estoy en mi lugar de trabajo! —exclama Yasniel, limpiándose los labios.
—Es que me gustas demasiado, Yasniel. Yo quiero que tengamos una relación formal.
—Pero tú a mí no me gustas, Inés Lorena. Eres una cliente excelente y te lo agradezco, pero no va a pasar nada más entre nosotros.
—A ver, ¿se puede saber qué está pasando aquí? —interviene Julianne con voz cortante. —¡Ella me besó, Julianne! ¡Te lo juro por mi vida! —se defiende Yasniel de inmediato.
—Disculpa, Julianne —interviene Inés Lorena con total frescura—. Sí, yo lo besé. Pero él me rechazó al instante. Tienes mucha suerte de que este bombón esté loquito por ti, aunque tú te empeñes en no hacerle caso.
—Inés Lorena —interrumpe Meredith, tomándola del brazo—. Creo que ya es hora de marcharnos. ¿Vas a llevar esos libros?
Para salir del paso, Inés Lorena toma los ejemplares de Patricio Sesnich y Eduardo González Viaña y paga la cuenta. Clark se sorprende gratamente al notar que la joven ha elegido los mismos títulos que él. Madre e hija se despiden y abandonan el establecimiento.
Una vez en la acera, Clark alcanza a Inés Lorena para despedirse. Ella se disculpa sinceramente por haberle cancelado la salida al cine el otro día, pero el joven le sonríe con dulzura asegurándole que no hay nada que perdonar. Inés Lorena le regala un tierno guiño antes de alejarse. Clark se queda contemplándola con un suspiro enamorado antes de tomar el camino opuesto.
Mientras caminan de regreso a casa, Meredith decide reprender suavemente a su hija.
—Inés Lorena, no me gustó para nada el espectáculo que armaste con ese muchacho en la librería.
Una vez en la acera, Clark alcanza a Inés Lorena para despedirse. Ella se disculpa sinceramente por haberle cancelado la salida al cine el otro día, pero el joven le sonríe con dulzura asegurándole que no hay nada que perdonar. Inés Lorena le regala un tierno guiño antes de alejarse. Clark se queda contemplándola con un suspiro enamorado antes de tomar el camino opuesto.
Mientras caminan de regreso a casa, Meredith decide reprender suavemente a su hija.
—Inés Lorena, no me gustó para nada el espectáculo que armaste con ese muchacho en la librería.
—Ay, mamá, ¿pero qué te pareció Yasniel? Es guapísimo.
—Es un gran chico, de eso no hay duda. Pero salta a la vista que no tiene el más mínimo interés romántico en ti. Deberías dejarlo tranquilo. ¿Y qué pasó con el otro joven, Clark? Qué curiosa coincidencia que se llame igual que mi primo periodista, ¿te acuerdas de él?
—Sí, me acuerdo. ¿Qué ha sido de su vida?
—Muy bien, sigue trabajando arduamente en el periódico de Kansas. Pero no cambiemos de tema, hablábamos de ti. Por favor, deja en paz a Yasniel.
—Está bien, lo intentaré... Oye, mamá, ¿me vas a contar por fin qué ocurrió entre el papá de Roxy y tú?
—Prefiero no tocar ese tema, hija. Apuremos el paso.
Al caer la noche, el grupo se reúne en un concurrido bar de karaoke de Manhattan, dispuestos a liberar las tensiones acumuladas a través de la música.
+++
Meredith llega en compañía de su hija. Al entrar, Inés Lorena divisa a Yasniel e intenta coquetearle de nuevo, mientras que Clark observa a Julianne desde la barra con timidez, aunque ella prefiere ignorar la situación.
Valerie hace su aparición del brazo de Noel; al verlos llegar, Jerry baja la mirada con el corazón roto.
De pronto, un grupo de fanáticas reconoce al famoso artista pop y se abalanza sobre él pidiéndole fotos, dejando a Valerie sola en una mesa. Kara también llega tomada de la mano de Gilbert, atrayendo las miradas de varios admiradores que le solicitan autógrafos a la modelo, obligando al tímido agente de seguros a refugiarse en un rincón de la barra.
Para abrir el espectáculo, Noel sube al escenario y despliega toda su energía interpretando "Fiesta en América". Todo el bar comienza a aplaudir y a corear el ritmo caribeño:
Al terminar entre vítores, Noel toma el micrófono y, con un gesto galante, invita a Valerie a subir. Ella le lanza una mirada cómplice y se adueña del escenario, interpretando con un desgarro desgarrador "Ex-Factor", el clásico de Lauryn Hill. Desde su esquina, Jerry escucha la maravillosa voz de la abogada y, profundamente conmovido por el sentimiento de la letra, no puede evitar que una lágrima ruede por su mejilla.
Jerry estalla en un aplauso efusivo al concluir la pieza. El resto de las chicas se queda impresionado, pues no imaginaban que la seria abogada escondiera una sensibilidad artística tan desbordante.
Para abrir el espectáculo, Noel sube al escenario y despliega toda su energía interpretando "Fiesta en América". Todo el bar comienza a aplaudir y a corear el ritmo caribeño:
"Oye, amigo, ven a bailar conmigo... / El destino nos abrirá el camino... / El destino no lo podemos evitar... / ¡Y dice! ¡Fiesta en América!..."
Al terminar entre vítores, Noel toma el micrófono y, con un gesto galante, invita a Valerie a subir. Ella le lanza una mirada cómplice y se adueña del escenario, interpretando con un desgarro desgarrador "Ex-Factor", el clásico de Lauryn Hill. Desde su esquina, Jerry escucha la maravillosa voz de la abogada y, profundamente conmovido por el sentimiento de la letra, no puede evitar que una lágrima ruede por su mejilla.
"And when I try to walk away / You'd hurt yourself to make me stay / This is crazy, this is crazy..."
El siguiente turno es para Meredith. Con una elegancia innata, la diseñadora sube a la tarima y pide a la banda en vivo —compuesta por guitarra eléctrica, saxofón, batería y piano— que la acompañen en las notas de "New York in June".
Su melancólica interpretación evoca cafés para dos, boletos para los Yankees al mediodía y tardes de scotch y puros, transmitiendo su profunda fascinación por Manhattan en la época estival.
Animado por el ambiente, Liam invita a Roxy a bailar. Aunque al principio ella lo mira con incomodidad, las insistencias de Gilda e Inés Lorena la hacen ceder. Para su sorpresa, Liam resulta ser un bailarín excepcional de jazz y swing, moviéndose con una soltura impresionante que la deja sin palabras. Al terminar, Meredith recibe una ovación cerrada.
Finalmente, Gilda convence a Julianne de participar. A la tímida empleada de la librería le aterra el pánico escénico, pero Yasniel se acerca a ella tomándola de las manos.
—Come on, honey, tú puedes hacerlo. No tengas miedo, yo estoy aquí —le susurra con una sonrisa alentadora.
Inspirada por sus palabras, Julianne se llena de valor y sube a la tarima. El público la recibe con aplausos de apoyo. Acompañada únicamente por los acordes acústicos de un piano, interpreta con una dulzura angelical "Moon River". En la barra, Clark escucha la melodía y se le enternece el alma con la interpretación:
Al bajar, Julianne es recibida con vítores y una gran ovación de todo el bar.
Posteriormente, Kara y Gilbert suben juntos para anotarse un éxito rotundo cantando en dúo "Don't Go Breaking My Heart", emulando a Elton John y Kiki Dee, demostrando una complicidad que hace sonreír a todos.
—Come on, honey, tú puedes hacerlo. No tengas miedo, yo estoy aquí —le susurra con una sonrisa alentadora.
Inspirada por sus palabras, Julianne se llena de valor y sube a la tarima. El público la recibe con aplausos de apoyo. Acompañada únicamente por los acordes acústicos de un piano, interpreta con una dulzura angelical "Moon River". En la barra, Clark escucha la melodía y se le enternece el alma con la interpretación:
"Moon river, wider than a mile... / I'm crossing you in style some day..."
Al bajar, Julianne es recibida con vítores y una gran ovación de todo el bar.
Posteriormente, Kara y Gilbert suben juntos para anotarse un éxito rotundo cantando en dúo "Don't Go Breaking My Heart", emulando a Elton John y Kiki Dee, demostrando una complicidad que hace sonreír a todos.
Roxy no se quiere quedar atrás y revoluciona el lugar interpretando la rockera "Ballroom Blitz", imitando la enérgica versión de Tia Carrere en la película Wayne's World:
"And the man at the back said, "Everyone, attack" / And it turned into a ballroom blitz..."
Liam la contempla completamente embobado. Roxy destila una sensualidad tan arrolladora sobre el escenario que termina despertando las miradas lascivas de un par de sujetos pasados de copas en el fondo del local. Al bajar de la tarima, los borrachos se le interponen en el camino, tragando saliva con insolencia.
—Pero qué rica estás, mamacita... Déjanos sentir tu calor —suelta uno de ellos, intentando propasarse y manosearle los hombros de forma atrevida.
—¡Déjenla en paz ahora mismo! —ruge Liam, interponiéndose como un escudo humano entre los agresores y la fotógrafa.
Los sujetos se burlan de su contextura y lo empujan con rudeza, dispuestos a iniciar una pelea. Sin embargo, la ventaja les dura muy poco.
En un par de segundos, Noel, Jerry, Don Cheo, Yasniel y Jack caminan a paso firme al frente, encarando en grupo a los agresores. Intimidados al verse superados en número y determinación, los borrachos sueltan a Roxy, levantan las manos en son de paz y huyen a toda prisa del bar.
Roxy, con el corazón acelerado por el susto, mira a Liam con una mezcla de sorpresa y profunda gratitud, extendiendo el agradecimiento al resto de los muchachos por haberla defendido con tanta valentía.
La música se reanuda y la velada continúa entre risas y brindis. Las miradas cruzadas entre todos los presentes en la mesa dejan más que claro quién ama a quién en secreto; aunque por ahora, las corazas de cristal sigan bien puestas.
CONTINUARÁ...
Roxy, con el corazón acelerado por el susto, mira a Liam con una mezcla de sorpresa y profunda gratitud, extendiendo el agradecimiento al resto de los muchachos por haberla defendido con tanta valentía.
La música se reanuda y la velada continúa entre risas y brindis. Las miradas cruzadas entre todos los presentes en la mesa dejan más que claro quién ama a quién en secreto; aunque por ahora, las corazas de cristal sigan bien puestas.
CONTINUARÁ...
***La canción elegida es "Ballroom Blitz" interpretada por Tía Carrere:









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