La noche anterior, Inés Lorena se acercó a Yasniel mientras este terminaba de cerrar la librería. Ella reaccionó de forma coqueta y seductora.
—Hola, guapo, ¿cómo estás? —dijo Inés Lorena con tono insinuante.
—Hola, Inés Lorena.
—¿Dónde está Julianne, tu jefa?
—Salió con Valerie y un amigo. Yo preferí quedarme un rato más.
—Y tú, ¿por qué no quisiste ir con ellos?
—No tenía muchas ganas.
—Y ahora, ¿qué vas a hacer?
—Pues ir a mi casa a descansar.
—Oye, ¿qué te parece si vamos un rato al cine? Van a estrenar una película buenísima. ¿Qué dices? La noche es joven, hay que pasarla bien.
—Mmm... está bien. Te acompaño.
Yasniel detuvo un taxi para llevar a Inés Lorena a la sala de cine. Terminaron viendo “Disclosure Day”, una cinta de ciencia ficción dirigida por Steven Spielberg sobre un descubrimiento extraterrestre. Él compró las palomitas y los refrescos. Inés Lorena permaneció concentrada en la pantalla mientras le tomaba la mano a Yasniel. Al finalizar la función, ella lo miró con curiosidad.
—Hola, Inés Lorena.
—¿Dónde está Julianne, tu jefa?
—Salió con Valerie y un amigo. Yo preferí quedarme un rato más.
—Y tú, ¿por qué no quisiste ir con ellos?
—No tenía muchas ganas.
—Y ahora, ¿qué vas a hacer?
—Pues ir a mi casa a descansar.
—Oye, ¿qué te parece si vamos un rato al cine? Van a estrenar una película buenísima. ¿Qué dices? La noche es joven, hay que pasarla bien.
—Mmm... está bien. Te acompaño.
Yasniel detuvo un taxi para llevar a Inés Lorena a la sala de cine. Terminaron viendo “Disclosure Day”, una cinta de ciencia ficción dirigida por Steven Spielberg sobre un descubrimiento extraterrestre. Él compró las palomitas y los refrescos. Inés Lorena permaneció concentrada en la pantalla mientras le tomaba la mano a Yasniel. Al finalizar la función, ella lo miró con curiosidad.
—¿Qué te pareció la película? —preguntó Inés Lorena.
—Interesante —respondió Yasniel con seriedad.
—¡A mí me encantó! ¡Y creo que todo lo que pasa ahí podría ser verdad! Oye, ¿me llevas hasta mi casa? Ya está muy oscuro.
—Sí, claro. Vámonos caminando.
Ambos caminaron hasta el edificio donde vive Inés Lorena. Al llegar a la entrada, se dispusieron a despedirse.
—Y llegamos, Inés Lorena —dijo Yasniel—. Sanos y salvos.
—Gracias, guapo, eres muy amable —respondió Inés Lorena, coqueta—. ¿Me das un beso de despedida?
—¿Ahora? Bueno, está bien.
Yasniel se dispuso a darle un beso en la mejilla, pero Inés Lorena movió el rostro y le plantó un beso directamente en la boca. Sorprendido, Yasniel se apartó rápidamente. En ese momento, Meredith, la madre de la joven, salió a recibir a su hija. Yasniel se despidió con cortesía de Meredith e Inés Lorena y regresó a su casa, esta vez abordando un taxi en la calle.
—Interesante —respondió Yasniel con seriedad.
—¡A mí me encantó! ¡Y creo que todo lo que pasa ahí podría ser verdad! Oye, ¿me llevas hasta mi casa? Ya está muy oscuro.
—Sí, claro. Vámonos caminando.
Ambos caminaron hasta el edificio donde vive Inés Lorena. Al llegar a la entrada, se dispusieron a despedirse.
—Y llegamos, Inés Lorena —dijo Yasniel—. Sanos y salvos.
—Gracias, guapo, eres muy amable —respondió Inés Lorena, coqueta—. ¿Me das un beso de despedida?
—¿Ahora? Bueno, está bien.
Yasniel se dispuso a darle un beso en la mejilla, pero Inés Lorena movió el rostro y le plantó un beso directamente en la boca. Sorprendido, Yasniel se apartó rápidamente. En ese momento, Meredith, la madre de la joven, salió a recibir a su hija. Yasniel se despidió con cortesía de Meredith e Inés Lorena y regresó a su casa, esta vez abordando un taxi en la calle.
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Días después, en la librería, Yasniel le buscó conversación a Julianne mientras esperaban la llegada de los clientes.
—¿Qué hiciste la otra noche, Julianne?
—Pues salí con Valerie y sus compañeros del bufete.
—¿A dónde fueron?
—Fuimos a un lugar de música tropical. Tocaban canciones de Olga Tañón. Jerry me sacó a bailar.
—Perdón... ¿dijiste que Jerry te sacó a bailar?
—¿Y eso qué tiene de malo? Solo fue un baile. Jerry es solo un amigo; además, tiene la mente fija en Valerie, y creo que a ella no le es indiferente. Se puso celosa cuando él me sacó a bailar. Y tú, ¿qué hiciste?
—Fui a ver una película con Inés Lorena.
—¿Y qué tal estuvo?
—Bien. Inés Lorena es una buena chica.
—Qué bien, me alegro por ti y por ella.
En ese instante llegó Inés Lorena, feliz y campante. Se acercó a Yasniel e intentó darle un beso en la boca, pero él la rechazó de inmediato.
—¿Te pasa algo, mi amor? —preguntó Inés Lorena, preocupada.
—Sobre el beso de la otra noche... —dijo Yasniel, avergonzado.
—Sí, estuvo sublime ese beso, ¿verdad?
—Inés Lorena... ejem... la verdad, creo que te estás precipitando conmigo. Eres una gran chica, pero entre los dos no puede haber nada serio. Lo siento. Espero que encuentres a alguien que te quiera y te corresponda. Gracias por la cita, la pasé muy bien, pero entre nosotros solo puede haber una bonita amistad.
Inés Lorena, sin pronunciar palabra, dio media vuelta y salió de la librería. Yasniel miró a Julianne y se armó de valor.
—Pues salí con Valerie y sus compañeros del bufete.
—¿A dónde fueron?
—Fuimos a un lugar de música tropical. Tocaban canciones de Olga Tañón. Jerry me sacó a bailar.
—Perdón... ¿dijiste que Jerry te sacó a bailar?
—¿Y eso qué tiene de malo? Solo fue un baile. Jerry es solo un amigo; además, tiene la mente fija en Valerie, y creo que a ella no le es indiferente. Se puso celosa cuando él me sacó a bailar. Y tú, ¿qué hiciste?
—Fui a ver una película con Inés Lorena.
—¿Y qué tal estuvo?
—Bien. Inés Lorena es una buena chica.
—Qué bien, me alegro por ti y por ella.
En ese instante llegó Inés Lorena, feliz y campante. Se acercó a Yasniel e intentó darle un beso en la boca, pero él la rechazó de inmediato.
—¿Te pasa algo, mi amor? —preguntó Inés Lorena, preocupada.
—Sobre el beso de la otra noche... —dijo Yasniel, avergonzado.
—Sí, estuvo sublime ese beso, ¿verdad?
—Inés Lorena... ejem... la verdad, creo que te estás precipitando conmigo. Eres una gran chica, pero entre los dos no puede haber nada serio. Lo siento. Espero que encuentres a alguien que te quiera y te corresponda. Gracias por la cita, la pasé muy bien, pero entre nosotros solo puede haber una bonita amistad.
Inés Lorena, sin pronunciar palabra, dio media vuelta y salió de la librería. Yasniel miró a Julianne y se armó de valor.
—Julianne... tengo que decirte algo.—¿Qué quieres decirme, Yasniel?
—Te amo, Julianne. Te amo desde siempre y quiero que me aceptes en tu vida.
—Yasniel... estamos en horas de trabajo...
—No me importa.
Yasniel la abrazó con todas sus fuerzas y le dio un apasionado beso en la boca. Julianne le respondió con el mismo ímpetu y ambos se entregaron a la pasión en medio del local. Los clientes presentes disimularon y fingieron no notar nada. Al separarse, Julianne le murmuró que se reunirían a la hora de salida.
Mientras caminaba por el parque, Inés Lorena coincidió con Roxy, quien se encontraba en medio de una sesión fotográfica. Al notar la expresión afligida de Inés Lorena, Roxy interrumpió la sesión para atenderla.
—¿Te pasa algo, Inés Lorena? —preguntó Roxy.
—¡Yasniel no quiere saber nada de mí! —exclamó Inés Lorena—. ¿Ahora qué hago?
—Vaya... no te preocupes —dijo Roxy, abrazándola para consolarla—. Eres una chica linda y noble, seguro encontrarás otro amor que te corresponda. ¿Qué vas a hacer esta noche?
—Nada. ¿Por qué lo preguntas?
—Liam me invitó a ver el juego de los Knicks en el Madison Square Garden. Tenemos una entrada extra porque era para un amigo que no pudo ir. ¿Te gustaría venir?
—¿Y desde cuándo sales con Liam?
—Desde que me rescató de esos sinvergüenzas. Ahí comprendí que es un buen chico y que merece una oportunidad. Eso sí, la apuesta sigue en pie: si los Knicks ganan el campeonato, formalizamos la relación. Por eso vamos a ir esta noche. ¿Qué dices? ¿Vienes con nosotros?
—Está bien.
En ese momento pasó Clark y saludó a Inés Lorena, quien le devolvió la sonrisa. De pronto apareció Sara Elcy, tarareando “These Boots Are Made for Walkin'”, y alcanzó a Clark.
—Ay, Clark, guapo, ¿me compras un hot dog? —dijo Sara Elcy, acariciándole el cuello.
Clark no pudo resistirse a los mimos de la muchacha.
—Claro que sí, mi amor. ¿Ustedes también quieren hot dogs? —les preguntó Clark a Inés Lorena y a Roxy.
Ellas aceptaron y juntos caminaron hacia el puesto de Gina. Allí se les unió Liam para coordinar la ida al Madison Square Garden para el cuarto juego de la serie final entre los New York Knicks y los San Antonio Spurs. Más tarde se sumaron Ashley y Mayerly para dirigirse al estadio.
—Ay, Clark, guapo, ¿me compras un hot dog? —dijo Sara Elcy, acariciándole el cuello.
Clark no pudo resistirse a los mimos de la muchacha.
—Claro que sí, mi amor. ¿Ustedes también quieren hot dogs? —les preguntó Clark a Inés Lorena y a Roxy.
Ellas aceptaron y juntos caminaron hacia el puesto de Gina. Allí se les unió Liam para coordinar la ida al Madison Square Garden para el cuarto juego de la serie final entre los New York Knicks y los San Antonio Spurs. Más tarde se sumaron Ashley y Mayerly para dirigirse al estadio.
+++
Esa misma noche, Meredith conversaba a solas con Gilda en casa.
—Qué bien que Inés Lorena y Roxy hayan salido juntas —comentó Gilda.
—Espero que les vaya bien. Hay muchos peligros en la calle —expresó Meredith con inquietud.
—No te preocupes, no va a pasar nada. Dime, ¿cómo te va con Jack?
—Roxy e Inés Lorena quieren que vuelva con él, pero tú sabes... No he podido perdonarle lo que hizo. Él se muestra amable conmigo, pero ya no puedo confiar en él. Lo peor es que Inés Lorena quiere saber por qué terminé con él, pero no sé...
—¿Y qué tiene de malo? Creo que ella debe saberlo. ¿Por qué tanto miedo?
—Es que... no sé qué podría pasar entre mi hija y la hija de Jack. Se hicieron muy buenas amigas y no quiero que esa amistad se rompa por un malentendido.
—Debes decirle la verdad a tu hija. No hay peor cosa que ocultar la verdad.
—¿Y qué crees que pase?
—¿Qué podría pasar? Pues nada. Tu hija es lo suficientemente madura como para entenderlo.
Gilda intentó tranquilizar a Meredith frente a su dilema.
—Espero que les vaya bien. Hay muchos peligros en la calle —expresó Meredith con inquietud.
—No te preocupes, no va a pasar nada. Dime, ¿cómo te va con Jack?
—Roxy e Inés Lorena quieren que vuelva con él, pero tú sabes... No he podido perdonarle lo que hizo. Él se muestra amable conmigo, pero ya no puedo confiar en él. Lo peor es que Inés Lorena quiere saber por qué terminé con él, pero no sé...
—¿Y qué tiene de malo? Creo que ella debe saberlo. ¿Por qué tanto miedo?
—Es que... no sé qué podría pasar entre mi hija y la hija de Jack. Se hicieron muy buenas amigas y no quiero que esa amistad se rompa por un malentendido.
—Debes decirle la verdad a tu hija. No hay peor cosa que ocultar la verdad.
—¿Y qué crees que pase?
—¿Qué podría pasar? Pues nada. Tu hija es lo suficientemente madura como para entenderlo.
Gilda intentó tranquilizar a Meredith frente a su dilema.
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En paralelo, Kara disfrutaba de un momento a solas con Gilbert.
—Por fin solos, ¿verdad, mi amor? —dijo Kara, luciendo un seductor escote con minifalda, mientras colmaba de besos y caricias a Gilbert.
—Así es. Ashley y las chicas querían ir al partido.
—Tu sobrina y sus amigas me caen de maravilla. ¿Sabes? Me pidieron que las asesorara con el modelaje. Ahora me convertí en tutora, ¿puedes creerlo?
—Pues es bueno que compartas tu experiencia con la juventud.
—Tienes razón.
De pronto, Gilbert se levantó para revisar el correo y encontró una carta de una editorial donde le notificaban que su manuscrito había gustado y deseaban publicarlo. El escritor se quedó atónito.
—¿Qué es esto? Yo no envié ningún libro a ninguna editorial —dijo Gilbert, desconcertado.
—¿Ya respondieron? —preguntó Kara con entusiasmo.
—¿Tú tuviste que ver con esto? ¿Cómo y cuándo? Te dije que mis escritos eran solo para mí.
—Pero no te das cuenta: están interesados en tu trabajo y quieren publicarlo.
—¡No me gusta que hagas las cosas a mis espaldas!
—Sé que no hice lo correcto, pero te juro que fue por tu bien. Debes estar contento de que por fin saldrás del anonimato.
—Esto es demasiado para mí. ¿Te puedes ir?
—Pero si la noche aún es joven...
—No me siento bien. ¿Te puedes ir, por favor?
—Está bien, me voy. Pero no desperdicies esta oportunidad que te da la vida. Nos vemos.
—Nos vemos... Lorena.
Kara se retiró en silencio del apartamento.
—Así es. Ashley y las chicas querían ir al partido.
—Tu sobrina y sus amigas me caen de maravilla. ¿Sabes? Me pidieron que las asesorara con el modelaje. Ahora me convertí en tutora, ¿puedes creerlo?
—Pues es bueno que compartas tu experiencia con la juventud.
—Tienes razón.
De pronto, Gilbert se levantó para revisar el correo y encontró una carta de una editorial donde le notificaban que su manuscrito había gustado y deseaban publicarlo. El escritor se quedó atónito.
—¿Qué es esto? Yo no envié ningún libro a ninguna editorial —dijo Gilbert, desconcertado.
—¿Ya respondieron? —preguntó Kara con entusiasmo.
—¿Tú tuviste que ver con esto? ¿Cómo y cuándo? Te dije que mis escritos eran solo para mí.
—Pero no te das cuenta: están interesados en tu trabajo y quieren publicarlo.
—¡No me gusta que hagas las cosas a mis espaldas!
—Sé que no hice lo correcto, pero te juro que fue por tu bien. Debes estar contento de que por fin saldrás del anonimato.
—Esto es demasiado para mí. ¿Te puedes ir?
—Pero si la noche aún es joven...
—No me siento bien. ¿Te puedes ir, por favor?
—Está bien, me voy. Pero no desperdicies esta oportunidad que te da la vida. Nos vemos.
—Nos vemos... Lorena.
Kara se retiró en silencio del apartamento.
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Por su parte, el estadio Madison Square Garden lucía repleto para el cuarto partido de las finales de la NBA entre el equipo local, los New York Knicks, y los San Antonio Spurs. La serie favorecía a los Knicks dos juegos a uno. San Antonio necesitaba ganar para empatar la serie y comenzó el encuentro como una auténtica aplanadora, tomando ventaja sin piedad. Al medio tiempo, los Spurs dominaban el marcador 35 a 27.
—Creo que esta serie se va a alargar —comentó Liam—. Ya debemos ir pensando en el próximo juego.
—¿Todavía sigue en pie la apuesta? —preguntó Roxy, mirando coqueta a Liam.
—Yo creo que los Knicks pueden remontar —dijo Ashley—. Todavía falta el segundo tiempo.
—Estoy de acuerdo —añadió Mayerly—. El partido no ha terminado y todo puede pasar.
—Ay, Clark, guapo, mi amor —dijo Sara Elcy, abrazando a Clark de forma cariñosa—, ¿me compras un slurpee y más palomitas, por favor?
—¡Te acompaño! —intervino Inés Lorena—. Tengo que ir al baño.
Inés Lorena y Clark caminaron hacia el área de confitería. Clark compró las palomitas y el slurpee, pero al darse vuelta no se percató de que Inés Lorena venía detrás; chocaron de frente y la bebida se derramó. En ese instante, ambos se miraron fijamente a los ojos, se dejaron llevar por el deseo y se besaron apasionadamente en la boca... justo cuando llegaba Sara Elcy.
—¿Todavía sigue en pie la apuesta? —preguntó Roxy, mirando coqueta a Liam.
—Yo creo que los Knicks pueden remontar —dijo Ashley—. Todavía falta el segundo tiempo.
—Estoy de acuerdo —añadió Mayerly—. El partido no ha terminado y todo puede pasar.
—Ay, Clark, guapo, mi amor —dijo Sara Elcy, abrazando a Clark de forma cariñosa—, ¿me compras un slurpee y más palomitas, por favor?
—¡Te acompaño! —intervino Inés Lorena—. Tengo que ir al baño.
Inés Lorena y Clark caminaron hacia el área de confitería. Clark compró las palomitas y el slurpee, pero al darse vuelta no se percató de que Inés Lorena venía detrás; chocaron de frente y la bebida se derramó. En ese instante, ambos se miraron fijamente a los ojos, se dejaron llevar por el deseo y se besaron apasionadamente en la boca... justo cuando llegaba Sara Elcy.
—¡No puedo creerlo! —exclamó Sara Elcy, indignada.
—¡Sara Elcy, mi vida, no es lo que estás pensando! —exclamó Clark, corriendo tras ella.
—Te vi besando a esta... ejem... mujer.
—No sé qué pasó, nos dejamos llevar por el momento. Pero por favor, mi vida, perdóname —rogó Clark, deshaciéndose en mimos hacia la muchacha.
—Te perdono —cedió Sara Elcy—, solo si me compras otro slurpee y más palomitas.
Sara Elcy le guiñó el ojo. Clark volvió a la fila a comprar los productos. Con una sonrisa victoriosa, ella probó su slurpee y regresaron a sus asientos para la segunda mitad, aunque Sara Elcy exigió que Inés Lorena se sentara lejos de ellos.
Durante el segundo tiempo ocurrió lo impensable: los New York Knicks remontaron una desventaja de 27 puntos para tomar el control del juego. Al final, los Knicks se llevaron la victoria 107 a 106, poniéndose arriba 3 a 1 en la serie. ¡Quedaban a un solo triunfo de coronarse campeones por primera vez desde 1973! Todo el estadio estalló en celebración.
—¡Sara Elcy, mi vida, no es lo que estás pensando! —exclamó Clark, corriendo tras ella.
—Te vi besando a esta... ejem... mujer.
—No sé qué pasó, nos dejamos llevar por el momento. Pero por favor, mi vida, perdóname —rogó Clark, deshaciéndose en mimos hacia la muchacha.
—Te perdono —cedió Sara Elcy—, solo si me compras otro slurpee y más palomitas.
Sara Elcy le guiñó el ojo. Clark volvió a la fila a comprar los productos. Con una sonrisa victoriosa, ella probó su slurpee y regresaron a sus asientos para la segunda mitad, aunque Sara Elcy exigió que Inés Lorena se sentara lejos de ellos.
Durante el segundo tiempo ocurrió lo impensable: los New York Knicks remontaron una desventaja de 27 puntos para tomar el control del juego. Al final, los Knicks se llevaron la victoria 107 a 106, poniéndose arriba 3 a 1 en la serie. ¡Quedaban a un solo triunfo de coronarse campeones por primera vez desde 1973! Todo el estadio estalló en celebración.
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Al otro lado de la ciudad, en un sports bar, Valerie, Noel, Don Cheo y Jerry seguían el partido rodeados de fanáticos eufóricos. Valerie observó la pantalla de televisión y distinguió a Roxy junto a Liam entre la multitud.
—Qué bueno —dijo Valerie—. Roxy y Liam están juntos en el estadio. ¡Me alegra mucho por ellos!
—Fue un juegazo —comentó Noel—. No pensé que los Knicks pudieran remontar.
—¡Se los dije! —exclamó Valerie—. ¡Este es el año de los Knicks! ¡Estamos a un juego de ser campeones!
—Increíble —reflexionó Don Cheo—. Parece que fue ayer cuando los Knicks ganaron por última vez... Y ya pasaron 53 años.
—¿Usted se acuerda de ese campeonato? —preguntó Jerry.
—Claro —respondió Don Cheo—. Le ganaron cuatro juegos a uno a Los Angeles Lakers. Jugaba Phil Jackson.
—¿El que después fue entrenador de los Lakers y los Chicago Bulls? —interrogó Valerie.
—Así es. Me acuerdo bien del quinteto titular... Phil Jackson era suplente, pero entre los titulares estaban Walt Frazier, Bill Bradley, Earl Monroe, Dave DeBusschere y Willis Reed. Un gran equipo.
—Y ahora estamos a un juego de volver a ganar... 53 años después —agregó Valerie.
—¡Chicos! —intervino Noel—. Para celebrar esta victoria, ¿qué les parece si cantamos algo?
Noel invitó a Valerie al escenario para interpretar a dúo “Don't Go Breaking My Heart” de Elton John y Kiki Dee. Mientras cantaban, Kara entró al local, todavía triste por la discusión con Gilbert; sin embargo, Don Cheo y Jerry la animaron a unirse al coro:
Ajeno al resultado del juego, Gilbert permanecía en su apartamento invadido por la confusión. Amaba a Kara —su adorada Lorena Smith—, pero el hecho de que actuara a sus espaldas le dolía profundamente. Por su parte, Julianne y Yasniel se entregaban a la pasión en el apartamento de ella, completamente desentendidos del baloncesto.
—Fue un juegazo —comentó Noel—. No pensé que los Knicks pudieran remontar.
—¡Se los dije! —exclamó Valerie—. ¡Este es el año de los Knicks! ¡Estamos a un juego de ser campeones!
—Increíble —reflexionó Don Cheo—. Parece que fue ayer cuando los Knicks ganaron por última vez... Y ya pasaron 53 años.
—¿Usted se acuerda de ese campeonato? —preguntó Jerry.
—Claro —respondió Don Cheo—. Le ganaron cuatro juegos a uno a Los Angeles Lakers. Jugaba Phil Jackson.
—¿El que después fue entrenador de los Lakers y los Chicago Bulls? —interrogó Valerie.
—Así es. Me acuerdo bien del quinteto titular... Phil Jackson era suplente, pero entre los titulares estaban Walt Frazier, Bill Bradley, Earl Monroe, Dave DeBusschere y Willis Reed. Un gran equipo.
—Y ahora estamos a un juego de volver a ganar... 53 años después —agregó Valerie.
—¡Chicos! —intervino Noel—. Para celebrar esta victoria, ¿qué les parece si cantamos algo?
Noel invitó a Valerie al escenario para interpretar a dúo “Don't Go Breaking My Heart” de Elton John y Kiki Dee. Mientras cantaban, Kara entró al local, todavía triste por la discusión con Gilbert; sin embargo, Don Cheo y Jerry la animaron a unirse al coro:
“Don't go breaking my heart / I couldn't if I tried / Oh, honey, if I get restless / Baby, you're not that kind.”
Ajeno al resultado del juego, Gilbert permanecía en su apartamento invadido por la confusión. Amaba a Kara —su adorada Lorena Smith—, pero el hecho de que actuara a sus espaldas le dolía profundamente. Por su parte, Julianne y Yasniel se entregaban a la pasión en el apartamento de ella, completamente desentendidos del baloncesto.
+++
Al regresar a casa, Inés Lorena se encontró a solas con su madre.
—¿Cómo te fue en el partido? —preguntó Meredith.
—¡Ganamos! —exclamó Inés Lorena—. Los Knicks remontaron una ventaja de 27 puntos y ganaron por uno. ¿Puedes creerlo?
—Me alegro —respondió Meredith con tono desanimado.
—¿Pasa algo, mamá?
—Hija... ¿recuerdas que me preguntaste por qué terminé con Jack, el papá de Roxy?
—Sí, claro. Pero si no quieres decírmelo, no importa.
—No, tienes que saberlo. Terminé con Jack porque me engañó con la madre de Roxy. Nos íbamos a casar, pero el día de la boda ni siquiera se apareció... Mandó una nota diciendo que se casaría con otra porque estaba embarazada.
—¡Ese canalla! —exclamó Inés Lorena con rabia—. ¡Me las va a pagar!
—Por favor, es el padre de Roxy, tu amiga —pidió Meredith—. Ella es inocente de todo.
—Sí, pero no soporto lo que te hizo. ¡Me va a escuchar!
—Espera, hija, no hagas nada... Ese hombre... Jack... es tu padre.
Inés Lorena se quedó helada ante la revelación.
CONTINUARÁ...
—¡Ganamos! —exclamó Inés Lorena—. Los Knicks remontaron una ventaja de 27 puntos y ganaron por uno. ¿Puedes creerlo?
—Me alegro —respondió Meredith con tono desanimado.
—¿Pasa algo, mamá?
—Hija... ¿recuerdas que me preguntaste por qué terminé con Jack, el papá de Roxy?
—Sí, claro. Pero si no quieres decírmelo, no importa.
—No, tienes que saberlo. Terminé con Jack porque me engañó con la madre de Roxy. Nos íbamos a casar, pero el día de la boda ni siquiera se apareció... Mandó una nota diciendo que se casaría con otra porque estaba embarazada.
—¡Ese canalla! —exclamó Inés Lorena con rabia—. ¡Me las va a pagar!
—Por favor, es el padre de Roxy, tu amiga —pidió Meredith—. Ella es inocente de todo.
—Sí, pero no soporto lo que te hizo. ¡Me va a escuchar!
—Espera, hija, no hagas nada... Ese hombre... Jack... es tu padre.
Inés Lorena se quedó helada ante la revelación.
CONTINUARÁ...
***La canción elegida es "Don´t go breaking my heart" interpretada por Elton John y Kiki Dee:








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