En Las Vegas, Kara y Gilbert miran desde un sports bar el quinto juego que consagra a los Knicks como campeones de la NBA. A pesar de que hay pocos fanáticos del equipo neoyorquino en el local, todos celebran con euforia el tan esperado título tras décadas de espera.
—Increíble —dice Gilbert—. Nunca pensé que vería a los Knicks salir campeones.
—Increíble —dice Gilbert—. Nunca pensé que vería a los Knicks salir campeones.
—Así es —dice Kara, sacando un sobre de su bolso—. Todavía falta el juego de mañana... la verdadera razón por la que vinimos, ¿no?
—Pues sí. No sé cómo agradecerte esto.
—Es lo mínimo que podía hacer para mostrarte mi amor. Además...
—¿Qué quieres decirme, Lorena?
—Que me perdones por haberle mandado tu escrito al editor. Disculpa si rompí tu frágil corazón de cristal.
—No te preocupes. No hay nada que perdonar. Más bien discúlpame por mi reacción del otro día; sé que lo hiciste con la mejor intención.
Kara (Lorena), coqueta, prefiere no añadir palabras. Le sonríe y le guiña un ojo. Gilbert suspira contemplando a la bellísima mujer.
Kara (Lorena), coqueta, prefiere no añadir palabras. Le sonríe y le guiña un ojo. Gilbert suspira contemplando a la bellísima mujer.
Al día siguiente, ambos asisten al T-Mobile Arena en Paradise, dentro del área metropolitana de Las Vegas, para presenciar el sexto juego de la Copa Stanley. Se enfrentan el equipo local, Vegas Golden Knights, contra los Carolina Hurricanes. Los Hurricanes lideran la serie 3 a 2, por lo que una victoria los coronará campeones; por su parte, los Golden Knights necesitan ganar para forzar un séptimo y definitivo juego.
—A ver, Lorena, ¿quién es tu favorito?
—A ver, Lorena, ¿quién es tu favorito?
—Pues prefiero que ganen los Golden Knights... ¡solo porque los otros eliminaron a mis Canadiens! ¡Además quiero ver más hockey! ¡Quiero otro partido! Pero, pensándolo bien... si ganan los Hurricanes podremos decir que perdimos contra los campeones, ¿no?
—Solo espero que sea un gran juego.
Kara vuelve a guiñarle un ojo a Gilbert, y el escritor vuelve a suspirar por la hermosa modelo.
Kara vuelve a guiñarle un ojo a Gilbert, y el escritor vuelve a suspirar por la hermosa modelo.
El partido se mantiene parejo hasta que el defensa de los Carolina Hurricanes, Jaccob Slavin, envía un pase largo a Taylor Hall, quien anota para poner el marcador 1-0. ¡Los Hurricanes se acercan al título! Los Golden Knights se lanzan al ataque en busca del empate, pero sus tiros son desviados por el arquero Brandon Bussi. El primer periodo concluye con ventaja parcial para la visita.Kara pide permiso para ir al baño y Gilbert la acompaña. En el trayecto, dos jovencitas reconocen a la modelo.
—¿Eres Kara, la supermodelo? —preguntan las jóvenes con entusiasmo—. ¿Qué haces aquí en Las Vegas?
—Disfrutando de un buen partido de hockey.
—¿Nos das tu autógrafo y te tomas una foto con nosotras para nuestras redes?
—Por supuesto —responde Kara con una amplia sonrisa.
Mientras posa y firma autógrafos, Gilbert sostiene los refrescos y los hot dogs. Al ver a la multitud alrededor de su pareja, agacha la mirada, avergonzado de ser visto con una figura internacional. Sin embargo, Kara nota su gesto, lo toma del brazo y lo presenta con orgullo.
—Chicas, quiero presentarles a Gilbert Skolnick: un talentoso escritor y mi pareja —dice Kara, abrazándolo fuertemente a pesar de que él encorva los hombros por la timidez.
—¿Eres escritor? —exclaman las muchachas—. ¿Y qué escribes?
—Gilbert pronto publicará su primera novela —interviene Kara—. Es una fascinante historia de romance e intriga.—Está inspirada en hechos reales, je, je —añade Gilbert, tímido.
—Si la recomienda Kara, debe de ser buenísima —dicen las jóvenes—. Donde pone el ojo, pone la bala. Seguro seguiremos su recomendación.
—Tengan por seguro que les va a encantar —asegura Kara.
Gilbert pide disculpas para regresar a sus asientos antes de que inicie el segundo periodo.
—¿Te pasa algo, mi amor? —pregunta Kara, notando su incomodidad.
Gilbert pide disculpas para regresar a sus asientos antes de que inicie el segundo periodo.
—¿Te pasa algo, mi amor? —pregunta Kara, notando su incomodidad.
—Por favor, Lorena, no quiero que a la gente le guste mi trabajo solo porque tú lo recomiendas.
—Una pequeña ayuda no le hace daño a nadie. Eres un escritor brillante y la gente sabrá apreciar tu talento.
—No quiero deberle nada a nadie.
—Esto lo hago porque te amo y confío en ti. ¿Seguimos viendo el partido?
De repente, Jackson Blake amplía la ventaja de los Hurricanes a 2-0. Los Golden Knights no logran romper la muralla defensiva del rival, que mantiene el control hasta el descanso. En el tercer periodo, la tónica no cambia. Faltando pocos minutos, Vegas retira a su guardameta para sumar un atacante extra, pero Nikolaj Ehlers aprovecha la portería vacía para anotar el 3-0 definitivo. El estadio enmudece mientras los visitantes celebran la conquista de la Copa Stanley. Jordan Staal es galardonado con el Trofeo Conn Smythe al Jugador Más Valioso de los playoffs.
—Fue un juegazo, ¿verdad, mi amor?
—Lástima que no ganó tu equipo.
—¿Y eso qué importa? —sonríe Kara—. ¡Mis Canadiens cayeron ante los campeones! Ven, que te tengo una sorpresa... ¡Además, Montreal saldrá campeón el próximo año!
Kara saca un par de pases de prensa y lo guía hacia la zona de cabinas, donde los espera la leyenda del hockey y comentarista deportivo Mark Messier. Gilbert no puede creer que está frente a su ídolo de la infancia, a quien seguía apasionadamente cuando lideraba a los New York Rangers. Conversan sobre el encuentro, se toman fotografías, firman autógrafos y presencian la entrega del trofeo. Messier le comenta en inglés a Gilbert lo afortunado que es por tener a su lado a una mujer como Kara. Ella le guiña el ojo nuevamente y Gilbert sonríe; sabe que es verdad. Venciendo su timidez, la toma de la cintura y le da un apasionado beso en la boca en plena transmisión de prensa. La pareja se entrega al momento, disfrutando luego de una velada inolvidable entre las luces, shows y casinos de Las Vegas.
Kara saca un par de pases de prensa y lo guía hacia la zona de cabinas, donde los espera la leyenda del hockey y comentarista deportivo Mark Messier. Gilbert no puede creer que está frente a su ídolo de la infancia, a quien seguía apasionadamente cuando lideraba a los New York Rangers. Conversan sobre el encuentro, se toman fotografías, firman autógrafos y presencian la entrega del trofeo. Messier le comenta en inglés a Gilbert lo afortunado que es por tener a su lado a una mujer como Kara. Ella le guiña el ojo nuevamente y Gilbert sonríe; sabe que es verdad. Venciendo su timidez, la toma de la cintura y le da un apasionado beso en la boca en plena transmisión de prensa. La pareja se entrega al momento, disfrutando luego de una velada inolvidable entre las luces, shows y casinos de Las Vegas.
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Mientras tanto, en Central Park, Jack se reúne con Meredith, Inés Lorena y Roxy cerca del concurrido puesto de hot dogs de Gina, buscando sanar las heridas del pasado.
—Meredith —comienza Jack—, sé que no me porté bien en el pasado. Te pido mis más sinceras disculpas y me gustaría que volviéramos a estar juntos... Por nuestra hija, Inés Lorena.
Meredith lo mira a los ojos y percibe la sinceridad en sus palabras, pero responde con serenidad:
—Lo siento, Jack. Te perdono de corazón, pero no pienso volver contigo.
Meredith lo mira a los ojos y percibe la sinceridad en sus palabras, pero responde con serenidad:
—Lo siento, Jack. Te perdono de corazón, pero no pienso volver contigo.
—¿Pero por qué, Meredith? ¿No ves lo arrepentido que estoy por mis actos?
—Sé que lo estás, pero el ciclo se cerró. No voy a retomar una relación sentimental contigo.
—Entonces... ¿podemos ser amigos? Por favor —pide Jack, extendiéndole la mano.
—Está bien. Amigos... simplemente amigos.
Meredith estrecha su mano, sellando un pacto de paz. Inés Lorena y Roxy celebran con una sonrisa el nuevo lazo que las une como hermanas. Para festejar el momento, Jack las invita a todas a comer hot dogs.
—Mamá, ¿por qué no aceptaste a Jack?
—Hija, me cuesta volver a confiar en él a ese nivel. El cristal se rompió hace tiempo y no se puede reparar. Pero quedamos en excelentes términos, ¿no?
—Sí, pero se notaba que él todavía te quiere.
—Pero yo ya no siento lo mismo. Ahora lo importante es que tú te enfoques en ti misma, en consolidar tu propia identidad y tus metas antes de buscar una pareja.
—Eso haré, mamá. Te quiero mucho.
Ambas se funden en un cálido abrazo fraternal.
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Semanas después, la librería de Julianne abre sus puertas para la presentación oficial del libro de Gilbert. Al evento asisten Kara, Meredith, Jack, Claire, Milagros, Mayerly, Ashley, Roxy, Valerie, Julianne, Yasniel, Clark, Sara Elcy e Inés Lorena. Incluso acude Mark Messier acompañado por reporteros de prensa, radio y televisión. Gilbert contempla el primer ejemplar impreso con inmenso orgullo y busca la mirada de Kara.
—No sé cómo agradecerte todo esto. A veces me cuesta creer que una supermodelo como tú se haya fijado en un simple escritor.—Es porque te amo. ¿Todavía dudas de lo que siento por ti?
—Es que... yo...
—Te amo, Gilbert Skolnick —interrumpe ella, y luego se dirige sonriente al público presente—: ¡Quiero que todos sepan que yo, Lorena Danvers Kent, amo perdidamente a este hombre!
Los asistentes aplauden sorprendidos al escuchar el verdadero nombre de la modelo. Kara (Lorena) se acerca a Gilbert y le da un beso apasionado frente a las cámaras, consolidando su amor entre aplausos y felicitaciones.
Los asistentes aplauden sorprendidos al escuchar el verdadero nombre de la modelo. Kara (Lorena) se acerca a Gilbert y le da un beso apasionado frente a las cámaras, consolidando su amor entre aplausos y felicitaciones.
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Mientras organiza la mesa del coctel, Julianne es abordada por Yasniel.
—Qué bonita pareja hacen Lorena y Gilbert, ¿verdad? —comenta el joven.
—Se ven muy felices —responde Julianne—. Se querían desde hace mucho tiempo y da gusto verlos juntos.
—Perdón, ¿por qué me dices "mi amor"?
—Disculpa, pero... ¿crees que algún día me darías una oportunidad a mí?
—Ahora no, Yasniel. Con permiso.
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Desanimado por la frialdad de Julianne, Yasniel coincide unos minutos después con Meredith.
—¿Te pasa algo, muchacho? —pregunta ella con dulzura.
—No sé qué hacer para que Julianne confíe en mí. Quisiera demostrarle que no siento nada por Inés Lorena.
—¿Qué pasa con mi hija?
—Nada malo, solo que no la quiero como pareja. Salimos una vez, pero a quien realmente amo es a Julianne.
—Inés Lorena ya me contó todo, no te preocupes por eso. Ella está enfocada en sus propios planes.
—El problema es que Julianne no quiere saber nada de mí.
—Dime algo, Yasniel: ¿cómo se repara un corazón de cristal cuando se ha fracturado?
—No lo sé.
—Es un trabajo paciente. La confianza se gana poco a poco. Ten paciencia con ella; cuando note la sinceridad de tus sentimientos, sabrá abrirse. Confía en mí.
Meredith le guiña un ojo y Yasniel comprende la lección. Decide no presionar la situación y regresa a atender a los invitados. A algunos les recomienda la novela de Gilbert, y a otros les habla apasionadamente de La impaciencia del corazón de Stefan Zweig, explicando la trágica historia del autor y los dilemas morales de la obra.
—Bueno, Roxy, los Knicks salieron campeones... ¿y ahora qué?
—¿Y ahora qué de qué, Liam?
—Toca cumplir la apuesta. ¿Me vas a invitar a salir o no?
—Tendría que pedirle permiso a mi papá.
—Por mí no hay ningún problema, hijita —interviene Jack, volviéndose con una sonrisa—. Tienes todo mi permiso.
—En ese caso... acepto salir contigo, Liam.
Liam celebra la respuesta y abraza a Roxy, quien lo sorprende sellando el momento con un tierno beso en la boca. A pocos metros, Clark reafirma su lealtad hacia Sara Elcy, asegurándole que aprendió la lección y que ella es su único amor; la joven sonríe y acepta sus disculpas.
En ese instante, Valerie aprovecha para anunciar que faltan pocos días para su debut en la puesta en escena de West Side Story, donde interpretará al personaje de Anita.
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El día del estreno teatral, la producción sufre un percance de último minuto: Noel se lesiona la rodilla durante el ensayo general. Ante la desesperación del director por no tener un sustituto para el papel de Bernardo, Jimmy da un paso al frente.
—Ejem... Yo me ofrezco para interpretar a Bernardo, el líder de los Sharks.
—¿Tú? —exclama el director—. Pero no tienes el physique du rôle ni los rasgos latinos.
—¿Y eso qué importa? —responde Jimmy con determinación—. George Chakiris tampoco era latino y compuso un Bernardo memorable que le valió un premio Oscar.
—No creo que sea buena idea —duda Valerie, nerviosa—. No hemos ensayado juntos. Lo siento, Jimmy.
Decepcionado, Jimmy camina por el pasillo hasta encontrarse con Gilda, quien lo anima a no rendirse y le propone una idea audaz.
Decepcionado, Jimmy camina por el pasillo hasta encontrarse con Gilda, quien lo anima a no rendirse y le propone una idea audaz.
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Minutos más tarde, la sala luce repleta. En la primera fila se encuentran Julianne, Yasniel, Inés Lorena, Liam, Roxy, Claire, Mayerly, Ashley, Meredith, Jack, don Cheo, Gilda, Milagros, Clark y Sara Elcy. Llega el momento culminante del número “America”:
“I like to be in America / Okay by me in America / Everything free in America...”
“...For a small fee in America!” —aparece sorpresivamente Jimmy en el escenario, declamando su línea con perfecta afinación y soltura.
Noel, por su parte, se resigna amablemente al ver la química de la pareja, mientras recibe las miradas coquetas de Mayerly y Ashley durante el festejo.
La celebración continúa en un concurrido club nocturno donde la pista vibra con temas de Chayanne (“Fiesta en América”), Haddaway (“What Is Love”), los clásicos de Blondie (“Heart of Glass”, “Rapture”), Queen ("Bohemian Rhapsody"), Blue Brothers ("Soul Man") y Baccara (“Yes Sir, I Can Boogie”), cerrando la velada al grito de: “¡¡¡Live from New York, it's Saturday Night!!!”
La celebración continúa en un concurrido club nocturno donde la pista vibra con temas de Chayanne (“Fiesta en América”), Haddaway (“What Is Love”), los clásicos de Blondie (“Heart of Glass”, “Rapture”), Queen ("Bohemian Rhapsody"), Blue Brothers ("Soul Man") y Baccara (“Yes Sir, I Can Boogie”), cerrando la velada al grito de: “¡¡¡Live from New York, it's Saturday Night!!!”
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“Yo tengo un corazón de cristal / que solo al palpitar / se rompe en mil pedazos...”
—Qué romántico fue el detalle de Jimmy apareciendo en pleno escenario —comenta Milagros.
—Se armó de valor —sonríe Gilda—. Le dije que si de verdad quería a Valerie, tenía que arriesgarse.
—Y funcionó —agrega Milagros—. Lo único triste es que Meredith y Jack no volvieron.
—Es que cuando la confianza se quiebra, no siempre se puede pegar de nuevo —explica don Cheo—. Lo importante es que lograron quedar en paz como amigos por el bien de sus hijas.
—¿Y qué pasará con Yasniel y Julianne? —pregunta Milagros.
—Tiempo al tiempo —responde Gilda—. Las cosas buenas tardan en madurar.
—Bueno, para alegrar el ambiente... ¿qué tal si ponemos “Despacito”? —dice Milagros con guasa, mirando a don Cheo.
—¡¡¡Nooooo!!! —protesta don Cheo—. ¡No vas a poner esa música moderna aquí!
—¿Y qué tiene de malo, Cheo? —interviene Gilda, riendo—. A mí me gusta.
Milagros conecta el tema a los altavoces. Gilda toma de la mano a don Cheo y, tras una breve resistencia, el veterano cede y se une al baile junto a las dos mujeres.
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Pasan los meses y Nueva York se cubre de blanco, reflejando el invierno en la ciudad que nunca duerme. De fondo, entre el viento helado y el ambiente neoyorquino, se escuchan los acordes de “Theme from New York, New York”, el inmortal tema interpretado por Frank Sinatra que rinde tributo a la gran metrópoli:
“Start spreading the news / I'm leaving today / I want to be a part of it / New York, New York...”
Julianne y Yasniel se encuentran en la librería. Las luces cálidas del local iluminan la nieve que cae suavemente sobre la acera. Yasniel termina de organizar los últimos estantes antes de cerrar.
—Descansa un poco, Yasniel —dice Julianne, acercándose al mostrador—. Has trabajado muy duro todos estos meses.
—Solo quiero que te sientas orgullosa de la librería, Julianne.
—Estoy muy orgullosa de ti... Has estado impecable. Pero en serio, ya es hora de irnos.
—Está bien. Sé que durante todo este tiempo has preferido mantener tu distancia conmigo en lo personal y lo respeto. No te incomodaré más; solo me importa hacer bien mi trabajo y verte bien a ti.
Yasniel se abriga, apaga la luz principal y abre la puerta hacia la noche nevada.
Julianne lo observa desde el umbral. Ve cómo los copos de nieve comienzan a posarse sobre los hombros del joven que, con una paciencia infinita, le ha demostrado lealtad y afecto sincero sin pedir nada a cambio. En ese instante, la última coraza de su corazón se derrite por completo.
Julianne camina hacia él bajo la nieve, le toma suavemente el rostro con ambas manos y lo sorprende con un beso apasionado en los labios.
—¿Y ese beso? —pregunta Yasniel, sorprendido.
Julianne lo mira con dulzura, le sonríe coqueta y le guiña un ojo. Yasniel, descolocado por un segundo, la toma firmemente por la cintura y le devuelve el beso con el mismo fuego guardado durante meses. Ambos se funden en un cálido abrazo en medio de la helada noche neoyorquina, mientras la nieve cae a su alrededor y la voz de Sinatra alcanza su nota más alta:
“If I can make it there / I'll make it anywhere / It's up to you / New York, New York...”
Es así como la ciudad de Nueva York reúne a personas de distintos orígenes para entrelazar sus historias. Aunque la vida pueda ser frágil como el cristal, el amor verdadero, la amistad y la honestidad son los cimientos que la mantienen firme.
FIN













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